Mi cajón de cosas

Miguel Ángel Lucas

Hijos de la luz – Capítulo 6

 

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HIJOS DE LA LUZ – CAPÍTULO 6

Miguel Ángel Lucas

LA DUDA

Se puede ver un mundo. Un mundo muy diferente, donde criaturas, parecidas a los demonios, conviven. Es un mundo normal, con vida, sin nada perturbador. De repente, en un instante, el mundo empieza a cambiar. Las criaturas se vuelven locas, su oscuridad las posee, nada la retiene. La luz merma, la vida se agota.

La luz se ha ido. Ese mundo perdido, camina hacia su desesperación.

Ethan despierta, se siente extraño, ve marcas negras en su piel, marcas de infectado muy avanzadas. Se siente fuerte, realmente fuerte. Está en una celda. La puerta está abierta. Al otro lado, permanece sentado el Caído que lo encontró. Ethan se incorpora un poco, se da cuenta de que parece tener el control sobre sí mismo, de una manera extraña, de una manera… diferente. El Caído habla.

—Has visto mi mundo.

Ethan no contesta, pero el Caído sabe perfectamente que lo ha visto, él se ha encargado de ello.

—Es culpa de ella. De tu querida Lena. Bueno… de algo más grande que ella.

—No lo entiendo. —Ethan no puede digerir todas las sensaciones e información que han llegado a él tan rápido.

—Ya lo entenderás. La luz y la oscuridad siempre han estado juntos, siempre han convivido. Es el origen de todo. —El Caído se incorpora, su apariencia es imponente—. En un acto de egoísmo puro, ella se fue, nos abandonó, nos condenó a la destrucción. Tiene que volver.

Ethan se siente tremendamente fuerte, pero las sensaciones que tiene le están revolviendo el estómago.

—¿Y que tiene eso que ver con los humanos?

El caído sonríe, Ethan no ha dicho «nosotros».

—Los humanos son un error, la mezcla de la oscuridad y la luz. Si me preguntas a mí, son algo que nunca debería haber existido. —El Caído se acerca a la puerta de la celda—. Pero son su debilidad, y por ellos conseguimos llegar a ella. No obstante, nuestro señor está dispuestos a dejarlos libres, siempre y cuando ella vuelva a donde pertenece. Tiene que madurar y entender su responsabilidad. La culpa de todo, del sufrimiento humano y de su sometimiento, es de ella. Ya casi no recordamos desde cuando la buscamos. Podría haber acabado con esto hace tiempo, y los humanos no habrían sufrido.

Ethan parece confuso, no sabe qué pensar.

—Si eso es cierto, ¿Por qué se la ha protegido tanto? —Ethan, por un segundo, se recuerda a sí mismo, recuerda cuando peleaba por Lena, por la luz.

—Es una manipuladora, los humanos bajo su luz están ciegos. Pero vosotros… —Se refiere a los humanos infectados, sobre todo a los ejecutores—. Vosotros sois libres, podéis ver con claridad.

El Caído se aparta de la puerta. Ethan se levanta, y sale.

Antes de llegar a Angelare, en la distancia, el grupo ve al ejército, avanzando. Un capitán sale corriendo a su encuentro. Les encuentra heridos y sucios. Jaina cojea, necesitan ayuda.

—Gracias a la luz, estáis bien. —El capitán hace señas desde lejos para que manden caballos.

—¿Se sabe algo de Ethan? —Jaina ni siquiera saluda.

—No, preguntaré. Pero sí apareció Gabriel de Tunesia, estamos informados. —El capitán comienza a dar parte, como si se sintiese obligado a ello—. Tenemos ordenes de ir al borde. No solo nosotros, todos los ejércitos, a las zonas por donde ellos podrían entrar, por si la luz merma. Todo se está movilizando. Ellos en su lado, nosotros en el nuestro. —El capitán parece un hombre curtido, pero se puede ver el miedo en sus ojos—. Los portadores van a Cúpula. Os esperan allí, hija de la luz. ¿Es cierto que la luz desaparecerá?

Los caballos empiezan a llegar. Lena monta en el suyo, y habla al capitán desde arriba.

—Sí. Pero no nos cogerán desprevenidos. No esta vez.

—¿No podremos pasar por Ursia? —Gerd recuerda esa farola.

Todos miran a Airo.

—No, el tiempo es demasiado justo, Angelare pilla de camino a Cúpula, pasaremos por allí, pero no por Ursia. —Airo está mirando un mapa—. Podríamos volver a atravesar el paso de Igtus, a este lado es seguro, pero al otro…

Todos toman la misma decisión, no se arriesgarán. Lena tiene que estar en Cúpula cuando las puertas se abran, llena de luz. Irán por zona segura.

Se montan en los caballos y avanzan en dirección al resto del ejército, que ha acampado antes de continuar. Podrán descansar un poco. Cuando dejan los caballos y se disponen a ir a las tiendas que les han dispuesto, muchos soldados se acercan a verlos, a ver a sus héroes, a saludarlos. Les ven débiles, heridos, muy cansados. Están con la cabeza gacha, aunque mantienen el tipo. Pero eso les da igual a los soldados. Los hijos de la luz lo han arriesgado todo, y han vuelto, así que comienza a gritar, a alabarles. El ejército entero se contagia, y todos gritan para animarles, al unísono, un grito que escuchan los demonios al otro lado, entendiendo que esta vez todo puede ser diferente.

La niña escucha la lucha desde su celda. Por el sonido, no está siendo fácil, mucha gente debe de estar muriendo en esa fortaleza. Airo aparece lleno de sangre y corre a la celda. La abre, no dice nada al ver el cuerpo devorado de la celda de al lado, cuya mano sujeta a la niña. La coge en brazos para llevársela, y le tapa los ojos.

Pasan por en medio de la batalla, todos hacen lo que pueden por dar espacio y tiempo a Airo para sacar a la niña. Airo avanza con ella y se junta con Marduk para salir.

Cuando llegan al camino, Marduk tiene dispuesto un caballo para ellos, al que suben corriendo y se van. Marduk les dará tiempo.

Airo cabalga a toda velocidad un rato, hasta que el caballo cae, acribillado por flechas.

Airo se levanta y saca su arma, de frente, aparece un ejecutor, el más imponente que se haya visto. Pese a la enorme habilidad y fuerza de Airo, el ejecutor no tarda nada en dejarle inconsciente y herido. Cuando va a rematarlo se encuentra con una barrera de luz.

La niña, de pie, quieta, triste, la ha puesto. Mira al ejecutor, con cara de súplica. El ejecutor cesa en su empeño, realmente le da igual. Tiende la mano a la niña, que se va con él, subiéndola a su caballo.

La niña habla, de forma triste, con la mirada perdida.

—¿Cómo te llamas?

Aunque el ejecutor queda sorprendido por la pregunta, contesta.

—Odhin.

Después de un descanso el grupo parte a caballo hacia Angelare. Un pequeño grupo del ejército acompaña a los hijos de la luz de vuelta a la ciudad. Allí ya espera la guardia de la hija de la luz que ha llegado en su ausencia.

Aún quedan unos días antes de que las puertas se abran, antes de que llegue la Naedra. El mundo bajo la luz se ha puesto patas arriba, todo el mundo conoce ya la situación. En cada región, todos los dirigentes están tomando decisiones, toda persona en edad de luchar se está movilizando. La humanidad se está preparando.

Cuando llegan a Angelare tienen todo preparado. Annete les estaba esperando. Les da tiempo a asearse y cambiarse, para ir a reunirse con Nathiel y otros dirigentes en palacio.

—La situación es… preocupante. —Nathiel mira al infinito.

Un hombre, con aspecto de científico, se levanta.

—Hemos enviado ya gente al túnel de Igtus, estarán preparados. Pero necesitarán la documentación de Annete.

Annete tiene todo preparado, se lo entrega al hombre.

—He hecho anotaciones, debería estar todo muy claro.

El hombre asiente, y sale por la puerta casi corriendo. Nathiel se levanta, y mira por la ventana.

—Los portadores ya fueron llamados, están de camino a Cúpula. —Se da la vuelta y mira a Lena—. ¿Sobreviviremos?

—No lo sé. —Lena tiene la voz dudosa.

Airo se levanta y pone la mano en el hombro de Nathiel.

—Todos tenemos miedo, pero esta vez será diferente. Hay que infundir ánimos a todos, y no se me ocurre mejor orador que transmita fuerza a los ciudadanos, que tú.

Nathiel parece desanimado, no por lo que acaba de decir Airo, por otra cosa.

—Lo intentaré, pero tengo que contaros algo. Gabriel lidera a los que van a la farola de Ursia para bloquear a los demonios que entren por ahí, la luz de la farola está casi acabada. —Su cara cambia, no le gusta la noticia que va a dar—. Ha enviado un mensaje, es sobre Ethan.

Todos escuchan atentamente lo que Nathiel les cuenta.

Gabriel se adelanta con un equipo de exploración para preparar el asentamiento en Ursia, mientras el ejército avanza por detrás. Ursia es una ciudad pequeña. Las casas son casi todas bajas y no hay demasiada vegetación, es bastante diferente a Angelare. Entran en la ciudad. Van al paso con sus caballos por las calles. Todo está desierto, las calles, las casas, no hay vida. Al verla así, le recorre un sentimiento extraño, de soledad, de abandono, de apocalipsis.

Cuando están llegando a la farola, sentado en un borde, ven una figura, humana. Bajan de los caballos y se dirigen hacia allí. Al verles llegar, la figura se levanta. Al acercarse perciben los ojos rojos y las marcas negras. Se preparan, todos sacan sus armas. Gabriel lo reconoce, y pierde el aliento.

Ethan anda sin sacar su arma y habla.

—¿Dónde está Lena?

Gabriel no sabe qué contestar. Un soldado contesta a Ethan. Está en formación, esperando cualquier cosa.

—No lo sé, pero tampoco te lo diríamos, demonio.

Sin que le dé tiempo a pestañear, Ethan carga, rompiéndole el brazo y lanzándolo varios metros en dirección contraria. El resto intenta defenderse, pero antes de acercarse, Ethan saca su arma y le corta el brazo a uno de ellos. Golpea a otro tirándolo al suelo. Solo queda Gabriel, que está paralizado. Ethan tarda menos de un segundo en estar delante de él. Gabriel reacciona a tiempo, es un gran guerrero. Para algún golpe de Ethan, le planta cara.

Gabriel seguramente no habría podido con Ethan siendo humano, siendo demonio no tiene nada que hacer. Ethan lo golpea haciendo que suelte la espada y lo coge del cuello. Lo levanta como si no le costase.

—¡¡Donde está!!

—No… no lo sé… —Gabriel casi no puede hablar—. Supongo que, en Cúpula, no podrás llegar allí.

Ethan tira a Gabriel al suelo, que lucha por intentar respirar. Ethan piensa. Gabriel tiene razón, no puede llegar a Cúpula, no directamente. Se le ocurre una idea. Da la vuelta, y se vuelve, dirección a las puertas, camino a otro mundo.

Lena va buscando por los pasillos de palacio, lleva un rato haciéndolo, desde que intentó seguir a Jaina cuando salió corriendo de la reunión con Nathiel. Cree escuchar algo, y sube por una torre, al poco, la encuentra, sentada, llorando. Jaina nunca dejaba que nadie la viese llorar. Lena se sienta a su lado, no dice nada. Al poco, Jaina habla.

—No sé por qué, pero desde que se quedó en la muralla, supe que algo pasaría.

—Pero está vivo.

—No, ya no. Nuestro Ethan ya no está.

Lena mira a Jaina, muy seria.

—Sí está, es algo que he aprendido. Él está ahí. Por favor, no pierdas la esperanza. No lo olvides, nos va a necesitar, sobre todo a ti.

Jaina deja de llorar.

Liam no ha seguido a Lena cuando salía detrás de Jaina, sabía a lo que iba, prefiere dejarlas tranquilas. Sale al patio, a respirar. En el fondo admiraba a Ethan, imaginárselo con el poder de un demonio superior le produce miedo.

Se sienta en un banco, a digerir todo lo que está pasando.

Al poco, aparece Airo. Se sienta a su lado, los dos están un rato en silencio, hasta que Airo habla, no de Ethan, habla de otro tema.

—Lena está diferente… Me preocupa.

—Lo sé, desde que encendió el generador. La veo confusa, menos segura.

—Exacto. Y creo que sé por qué.

Liam se incorpora y mira a Airo, muy atento, esperando que hable.

—Cuando la encontramos de pequeña, tuve una visión. La vi, vi cómo me pedía ayuda. Me hizo sentir lo que ella sentía. Es muy difícil de explicar, en ese momento no lo entendí. Lo he entendido con mis hijos. —Airo se levanta, y mira al cielo—. Creo que está dudando acerca de entregarse. —Airo se da la vuelta y mira muy serio a Liam—. No la dejes que se sacrifique. Te necesitará más que nunca.

Liam asiente, convencido, pero en el fondo de su ser vuelve a temer fallar, aunque tiene algo claro. Lo intentará.

Queda poco para que todos partan con la guardia de la hija de la luz hacia Cúpula. Cenarán y descansarán algo antes de seguir. Lena cena muy rápido y se acerca a Liam, le susurra algo al oído.

—Necesito ir a un sitio, pero no quiero ir sola, ¿Me acompañas?

Liam asiente enseguida, y los dos se van. Cuando los guardas apostados se disponen a a acompañarlos, Lena se lo prohíbe. Al ver que la acompaña Liam, se quedan tranquilos.

Dada la tensión y actividad en Angelare, las termas están cerradas. Las abren para Lena. Los dos entran. Cuando están cerca del agua, Lena se quita la ropa. Recuerda lo que le pasó la última vez.

—Necesito entrar, necesito recuperarme todo lo que pueda, hasta la última gota. —Se da la vuelta y mira a Liam, tiene los brazos cruzados, se abraza a sí misma, no por frío, si no por miedo.

—Pero no puedo sola, —Lena mira a Liam con tono de ruego—, ¿te quedarás a mi lado?

—Siempre.

Los dos se meten en el agua, Liam se sienta y abraza a Lena. Ella empieza a sentir la luz por su cuerpo, cierra los ojos. Puede notar toda la luz del planeta yendo hacia a ella, completándola muy poco a poco. Conecta con todo lo vivo, con su creación, con ella misma. Y todo conecta con ella, incluso lo no deseado.

Abre los ojos, vuelve a estar en un espacio completamente negro, sin agua, sin nada a su alrededor. Vuelve a temblar de miedo. Contempla la oscuridad, el espacio de la nada, el origen de todo.

Algo camina, no lo puede ver, pero lo puede sentir. Se acerca. Ya puede ver sus ojos, son negros, acumulan todo el vacío en su interior, acumulan todo el horror. Una mano de oscuridad le toca la cara.

—La Luz, mi hermana, te echo de menos, ¿por qué te fuiste?

Lena no contesta, solo mira a los ojos de esa sombra oscura, eso le enfurece.

—Lo arrasaré todo, a nuestra creación, a nuestro hijo. Da igual el tiempo que tarde, serás mía. Ya falta poco.

Lena cierra los ojos, sintiendo a Liam con ella, sintiendo su apoyo, para no desmoronarse, para no ceder al pánico. De repente, una sensación la recorre. Poco a poco Lena se va completando, va siendo ella, va recordando quién es. Recuerda por qué se fue, recuerda su decisión. La decisión de no sufrir, de no someterse. Abre los ojos, son luz pura. Ya no tiembla. Acerca su cara a los ojos del horror, sin pestañear. Hace un esfuerzo enorme para que la sombra no la vea flaquear. Cuando habla, su voz no es la misma, retumba en todo el vacío, penetra en la sombra, como un arma.

—No.

Al tenerla tan cerca, la sombra se retuerce, el ansia de tenerla le puede, casi le supera, pero se controla.

—¿No? No sabes lo que dices, estás agotada, débil, eres sólo una porción de ti misma, yo te reconstruiré. Destruiré lo que haga falta, para recrearte, como una parte de mí, volveremos a ser perfectos. —La sombra se acerca algo más a ella, amenazándola, intentando intimidarla.

—Nunca más seremos uno. Nunca más estaré contigo. —Lena no se intimida, La Luz no se intimida.

—Estoy muy cerca, tendrás que elegir, su destrucción o tu sumisión.

Aunque Lena permanece seria y recta, lágrimas empiezan a caer por sus mejillas, no ha podido controlarlas. Lágrimas de miedo de una madre porque le arrebaten lo más importante de su vida. Vuelve a sentir a Liam, vuelve a sentir su apoyo, vuelve a recordar por qué lucha, sin descanso, desde siempre.

—Esta vez no, perderás. Te expulsaré, y si vuelves. —Lena abre mucho los ojos, con una mirada devastadora— Te destruiré.

La enorme sombra empieza a retroceder, no se ha tomado la amenaza a la ligera, poco a poco empieza a desaparecer en el vacío.

—Cuánto has crecido, hermana… Ya lo veremos.

Lena vuelve en sí. Llora, llora mucho. Liam no pregunta, solo la abraza, todo el rato que haga falta.

La niña permanece de pie, viendo cómo se abre la puerta que da a otro mundo. A su lado, el ejecutor la sujeta.

Muchos demonios están en la zona, uno de los más aterradores se acerca al ejecutor y a la niña, dispuesto a cogerla para escoltarla a su próximo destino, donde la espera el que ansía su regreso, por encima de todo.

La niña comienza a sentir su futuro. La sensación de sometimiento eterno, la sensación de soledad, la sensación del horror. Levanta la mirada, y mira a Odhin, llena de lágrimas, sin hablar, sin fuerzas, totalmente rendida, acabada. La luz apagada.

La mirada de la niña penetra en Odhin, por un momento. Él vuelve a ver a su familia, la familia que le fue arrebatada, vuelve a sentir lo que era antes, vuelve a ver la luz. De forma inexplicable, de forma incontrolable, esa mirada le despierta, y le retuerce el corazón hasta un punto que nadie podría soportar. Le retuerce el alma.

Sin darse cuenta, usa su arma, y el demonio que la iba a coger, que la iba a tocar, cae partido en dos. Se hace el silencio. Todos los demonios mayores se giran hacia el ejecutor.

—Odhin, ¿Qué haces? —Uno de ellos se empieza a acercar, poco a poco—. Si te quieres entretener te daremos más demonios, pero entréganos a la niña.

El ejecutor se pone en formación y, sin contestar al demonio, se dirige a la niña:

—Ponte detrás de mí pequeña, cierra los ojos, no pasarán. No te tocarán.

Y no pasaron, ninguno, aunque lo intentaron todos.

Antes de que amanezca todos parten. Al paso por los pueblos, pueden ver el movimiento que hay. Se puede respirar el miedo, pero nadie está quieto. Se llevan a zonas más defendibles a las familias, todos se arman, todos se preparan.

Nathiel ha pasado un comunicado para todos, y ha corrido como la pólvora. Cuando están descansando en un pueblo de camino. Airo recoge uno, y lo lee.

Dentro de poco todo cambiará.

Ese día las puertas se abrirán, la luz, nuestra seguridad, mermará.

Los demonios vendrán a por nosotros, quieren someternos de nuevo, quieren infundirnos miedo.

Pobres demonios.

Creen que podrán venir y llevarse a los portadores. Creen que se encontrarán con humanos débiles que se lo permitirán.

Se equivocan.

Ese día todos nosotros nos habremos levantado. No dejaremos que ni una gota de su oscuridad nos posea, ni una gota. No temeremos, lucharemos, hasta el final.

Ese día los portadores no estarán solos.

Cuando lleguen, se encontrarán con la luz, se encontrarán con nosotros. Sin temor, sin dudar, aguantaremos.

Ganaremos.

Ese día todo cambiará, y ellos, que se creen nuestros dueños, aprenderán la verdad, aprenderán que somos indomables.

Ganaremos. Los que lo consigan construirán un mundo mejor, un gran mundo, y los que no, nos verán descansando desde la luz, orgullosos de ser humanos.

Ese día, todo cambiará, la humanidad renacerá.

Ese día, todos juntos, seremos libres.

Airo sonríe, y se guarda el papel.

El grupo para en un pequeño pueblo de paso al borde de un río. Llevan viajando sin descanso mucho tiempo, así que agradecen la parada. Lena ve el río, y sale corriendo, quiere meter los pies.

Liam esta vez se descalza, y entra. Ella se ríe.

—¡Lo he conseguido! —Le da un abrazo.

Cuando se separan, Liam se atreve a preguntar.

—Sobre lo del otro día en las termas, no tienes que contarme nada, pero si lo necesitas, te escucharé.

Lena se separa de Liam, lo mira, dudando si hablar, si confesar. Aparta la mirada, como si sintiese vergüenza. Pero es Liam, se lo contará.

—Cuando encendí la farola de Antaia, sentí algo, no sabría explicarlo. Como si fuese alguien más, como si recordase cosas. —A Lena le tiembla la mano—. Desde entonces, veo y siento cosas. Son como recuerdos. Me veo en otro lugar, muy lejano, sufro, mucho, muchísimo. Es lo que sentí en las termas. Me siento sola, vacía. Me siento sucia, abandonada, me siento… —Lena se abraza a sí misma—. Es peor que cualquier sentimiento que pueda explicar, porque sé que no podré acabar con él, que será eterno, que no hay final. Y cuando vuelvo en mí, y estoy contigo, primero me invade un sentimiento de alegría. —A Lena le cambia la cara, sonríe—. No sabes cuanta… me siento libre, en paz. Soy feliz. Pero al cabo de un rato me siento mal, como si fuese egoísta, como si fuese culpable de todo lo malo. Como si por mi culpa, todos sufrieran.

Liam la mira. Lena esperaba una reacción de preocupación, pero ve a Liam sonriéndola, como si lo que le ha dicho no le preocupase en absoluto.

—Hay una chica que me enseñó que el sentimiento de culpa es un pozo absurdo. Me enseñó a dejar de culparme y a avanzar hacia adelante. A acercarme a lo bueno y a alejarme de lo malo. —Liam le tiende la mano—. Desconozco muchas cosas, pero sé una, una de la que no dudo. Tú no tienes la culpa del sufrimiento producido por otros. Te mereces ser feliz.

Lena sonríe, siente como un poquito de fuerzas la recorren de nuevo.

En el pueblo, Gerd, Airo y Jaina pasean para despejarse. Los tres paran cuando escuchan un grito por detrás.

—¡Eres tú! —Un chico, corpulento, más cerca de los treinta que de los veinte, ha dejado caer una bolsa al suelo y mira a Gerd con la cara desencajada.

Gerd se da la vuelta.

—¿Te conozco? —Gerd no lo reconoce, así que va a seguir caminando cuando el chico lo interrumpe.

—Sí, ¡Eres tú!, lamentable escoria… —El chico escupe al suelo—. ¿No te acuerdas de mí verdad?

Gerd no contesta, realmente no sabe de qué le están hablando. El chico sigue.

—De mí no, era muy pequeño, pero de mi padre, sí, ¿Verdad?, ¿Recuerdas su sótano?, ¿Recuerdas donde lo escondió?

A Gerd le cambia la cara. Lo recuerda. Un hombre escondió a un portador en su sótano. Gerd y los suyos lo encontraron y se lo entregaron a los demonios. Por órdenes de los demonios, él mismo lo ejecutó delante de todos, su hijo lo vio todo. Así se convirtió en agraciado. El chico está cada vez más histérico.

—¡Ese hombre es un puto asesino! —Mira al resto—. ¿Qué hace con vosotros? ¿Qué hace con la guardia de la hija de la luz? ¡Debería ser sentenciado ahora mismo! —Vuelve a mirar a Gerd, que no sabe qué decir, así que no habla. El chico no aguanta más y se lanza a por él.

Gerd no se mueve, no hace ningún gesto, pero Airo y Jaina interceptan al chico, lo retienen con todas sus fuerzas. No para de gritar, es difícil sujetarle, es fuerte. El alboroto es tal que todo el mundo empieza a acudir a ver qué está pasando, incluidos Lena y Liam.

—Dejadle. —Gerd habla tranquilo—. Tiene razón, soltadle. —Gerd saca su chuchillo y lo lanza a los pies del chico—. No puedo devolverte a tu padre, así que no me opondré si es lo que deseas.

Jaina y Airo aún no lo han soltado.

—He dicho que lo soltéis. —El tono de Gerd es desconocido para Airo y Jaina, es tan fuerte y tan serio que infunde temor, así que hacen caso.

El chico coge el cuchillo y va hacia Gerd, pero para a medio camino. Grita y se maldice a sí mismo, se pone las manos en la cabeza.

—Yo no soy como tú, ¿De qué me serviría? —Tira el cuchillo al suelo, y se va.

Poco a poco la gente empieza a irse, Gerd no se mueve, se ha quedado pensativo, mirando el cuchillo, avergonzado. Lena se acerca y le habla.

—Nunca es tarde para intentarlo, nunca es tarde para cambiar. —Gerd levanta la mirada, y ve a Lena, sonriendo, como si lo que acaba de pasar no le hubiese afectado en absoluto—. Cuando la oscuridad te atrapa, lo más difícil es dejarla atrás, pocos podrían.

Lena se va a ir, pero antes de hacerlo, sin girar la cabeza, dice algo en bajito.

—Gracias Gerd.

Gerd se queda extrañado, la voz de Lena era algo diferente, no entiende porqué le está dando las gracias, pero algún día, lo hará.

Llevan más de treinta horas sin parar, huyendo. Odhin ha roto la puerta de una cabaña abandonada en medio del bosque. El ejecutor es un experto rastreador, y se ha cerciorado de que ya no les siguen, por lo menos, por ahora. Podrán descansar dentro, no sabe por cuánto tiempo.

Odhin lleva a la niña en brazos, ella no le dice como se llama, así que la llama pequeña. La tumba en una cama que ve, y se sienta al lado. La niña no para de mirarlo. Odhin es de pocas palabras, así que solo espera en silencio a que se duerma.

—No puedo dormir. —La niña le mira con dos ojos enormes, muy abiertos.

Odhin busca una manta, y la tapa, pensando que pueda ser eso. Se siente realmente torpe cuidando de ella.

La niña tira la manta al suelo, no es lo que necesita. Se levanta de la cama, y se pone en el regazo de Odhin. Mueve su cabeza intentando acomodarse, buscando la postura. Cierra los ojos.

—Así sí. —La niña habla agotada, y sin abrir los ojos, sonríe.

Odhin no para de mirarla, cada vez que lo hace, se estremece, un sentimiento indescriptible recorre todo su cuerpo, ¿Quizás tuvo una hija parecida? Desde su sitio, mira por la ventana, por si pudiese percibir peligro.

No sabe lo que ha hecho, por primera vez en muchos años, se siente perdido. ¿Qué hará? No podrá estar huyendo siempre, no podrá contra todos los demonios. Pero tiene que protegerla, cueste lo que cueste.

Vuelve a mirar a la niña, ha abierto sus ojos, lo mira fijamente, En sus ojos hay luz. Odhin se queda atrapado, en poco tiempo, no ve más que esos ojos. Dentro de ellos ve la creación, la luz, el amor, la vida. Odhin pierde el aliento, como si estuviese recibiendo información, como si La Luz hablase con él, sin palabras, directamente en su mente.

El esfuerzo de La Luz por transmitir eso debe de haber sido enorme, la niña ha caído dormida, agotada, probablemente ni sepa lo que ha hecho.

Pero Odhin si lo sabe, ahora ve con claridad. Ahora sabe qué hacer. Y no duda, lo hará.

En muchas ocasiones ven ciudadanos armados o partes del ejército yendo en dirección contraria a ellos, hacia los bordes, a proteger el interior cuando la luz se debilite. Eso les produce una sensación extraña, de abandono. De vez en cuando reciben a algún emisor de Cúpula que trae información de la preparación para la Naedra. Airo ha recibido información de su familia, llevada a otro lugar, lejos de Cúpula, como él pidió. Eso le reconforta.

El camino ha sido largo, pero ya queda poco para llegar a Cúpula, llegan al último pueblo en el que tendrán que parar, antes del anochecer. Pasarán ahí la noche, esta vez, en habitaciones.

El grupo se reúne para cenar. Annete llega tarde, no para de revisar notas y papeles que consiguió en el laboratorio y en el generador.

Cuando se sientan, todos la miran, siempre que aparece tarde, tiene algo que contar.

—¿Qué? —Annete ya tiene la cuchara preparada para poderse comer su sopa. Tiene cara de cansada—. ¿No me vais a dejar comer?

El grupo deja de mirarla, y siguen a lo suyo, ella levanta la voz.

—Está bien… —Annete deja la cuchara y comienza a hablar—. Llevo días leyendo cosas de ellos, bueno, de los nosotros antiguos. Venimos de otro mundo, uno muy enorme, he visto mapas. Cuando intentaron huir aquí, no encontraban nada. He visto cómo se calibran los portales, es como navegar por un mar infinito, así que cuando encontraron esto, no se lo creían. Lo llamaron Salvación, así llamaron a este mundo. —Todos miran pensativos, su mundo, dominado por los demonios, carecía de nombre, por fin tenía uno—. Es irónico, ¿no?, no se salvaron. —Annete toma un poco de su sopa—. Aunque lo importante no es eso. Lo importante es que las tres puertas se pueden usar desde aquí en todo momento, se puede ir a ese otro mundo. Pero para venir desde allí, este mundo ha de ser visible en su mapa, en la Naedra. Es como si Salvación se intentase esconder del otro, hasta que ya no puede.

Jaina mira a Lena.

—Por eso llevan los portadores a las puertas, ¿Para llevarles a ese otro mundo?

—Parece que sí. —Lena se recuerda a los cinco años, contemplando la puerta, abierta, mientras Odhin la llevaba hacia allí. Le recorre un escalofrío por el cuerpo—. Los llevan a todos, porque me buscan a mí… Disculpadme.

Lena se levanta, dejando su cena a medias, y se va a dormir. Liam la acompaña.

Marduk no para de abrir puertas buscando a Lena, tiene movilizada a toda la guardia de la hija de la luz.

—¡¿Dónde está?!

—Lo siento señor, dijo que tenía que entrar al baño para cosas de mujeres… —El guardia está tremendamente preocupado mientras mira la ventana del baño, abierta de par en par.

Un guardia sube corriendo las escaleras del edificio donde alojan a la hija de la luz, al borde de la esfera de la farola de Ursia, esperando la incursión para encender la farola de Angelare.

—¡Señor! Han visto a una niña de unos trece años abandonando el pueblo por el norte, coincide con su descripción.

—Vamos todos, ¡ya! —Marduk moviliza a la guardia, y corren en su busca.

Lena ha cambiado su ropa a una niña del pueblo antes de salir de la luz de Ursia, la otra niña ha aceptado de buen grado el cambio, salía ganando. Lena lleva ya un buen rato andando y queda poco para la noche. Ya puede ver Ebadia, la aldea que buscaba.

Al poco de caminar ve una casa, se acerca y llama. Un hombre abre la puerta.

—¿Qué quieres?

—¿Vive aquí un niño de ojos rojos?

—No. —El hombre va a cerrar la puerta, Lena pone el pie.

—¿Seguro? Antes vivía aquí, ¿Sabes dónde ha ido?

El hombre vuelve a abrir la puerta, mira de mala gana a la niña.

—No tengo ni idea, llevo aquí cuatro años y ni sé ni me importa quien vivía antes, lárgate. —El hombre vuelve a cerrar la puerta, esta vez Lena no se lo impide.

Va a varias casas, no consigue información, no consigue nada. Quizás el viaje ha sido en balde. Se plantea volver, aunque le cuesta decidirse. Una mujer que la ha visto preguntando se para.

—¿Buscas a alguien?

—Sí, a un niño, bueno, no tan niño, de mi edad. Tiene los ojos rojos.

—¿Vivía aquí?

—Sí, hace unos ocho años.

—Lo siento pequeña, hace ocho años los demonios asentados en la fortaleza mataron a todos los que vivían aquí. Los demás hemos llegado después.

Lena mira con los ojos muy abiertos, se están poniendo vidriosos.

—¿Seguro?, ¿Por qué harían eso? —Lena no cree lo que le están diciendo.

—Fue por la esfera de luz que se creó, la primera. Vuelve a casa.

La mujer se va, Lena se queda quieta, parada, digiriendo la información. Está devastada, no conocía casi a ese niño, pero siente que le han arrebatado a la persona más importante de su vida, a alguien que lleva buscando desde siempre. Llora, y sale corriendo de vuelta a la luz. Lena se siente triste, y poco a poco, la tristeza se convierte en enfado, en ira. Ve a lo lejos la fortaleza donde la llevaron cuando era pequeña, plagada de demonios. Cambia de opinión, se dirige a la fortaleza.

Cuando llega ve a lo lejos una enorme puerta cerrada, y dos sumisos custodiándola. Sale corriendo, como si la persiguieran

—¡Ayuda! —Se tira al suelo, como si estuviese muy cansada.

Los sumisos la miran desde lejos, pero no acuden, no hablan.

—No sé qué me pasa. —Lena crea luz muy débil con su mano, hace como si le costase mucho.

Los sumisos se alteran, eso atraerá a sus señores. Uno va y la coge del brazo.

—Ven conmigo niña, no te preocupes. —Los sumisos creen que si la entregan podrá ser agraciados. Abren la puerta.

Al entrar, varios demonios mayores aparecen.

—¡Señor!, le traemos una portadora. —Tiran a la niña delante de uno de ellos. Lena pone cara de preocupación, de nerviosismo. El demonio asiente. Otros se unen.

—Se huele su luz desde bien lejos.

Lena lanza algo de luz contra el demonio, hace como que le cuesta mucho, una luz tan débil que no le daña apenas. El demonio ríe, y la coge del brazo.

—No creo ni que necesitemos transporte especial, preparaos para que nos la llevemos.

El Caído de la fortaleza ya ha aparecido, se coloca delante de ellos. Mira a Lena, confuso, algo no le cuadra, el olor no le cuadra.

La niña hace que habla medio llorando.

—¿A dónde me lleváis?, ¿si encontráis a un portador matáis a todo el pueblo?, ¿cómo hace ocho años en Ebadia?

El Caído está confuso, ¿Por qué pregunta eso? Que importa, le contesta.

—No tiene nada que ver, matamos a todo el pueblo porque algunos se planteaban huir a la luz. Fue el ejemplo que dimos a todos, un ejemplo necesario.

Lena produce algo de luz con su brazo, donde la sujeta el demonio mayor, lo suficiente para que le duela mucho y la suelte.

Se aparta un poco, se incorpora. El Caído ahora lo comprende. La voz de Lena cambia.

—Entonces, tendré que dar un ejemplo al resto de demonios con vosotros.

Los demonios se miran, ríen, no entienden bien. No saben nada.

El Caído no ríe, y eso hace que todos paren, que se haga el silencio, que se preocupen.

—Hija de la luz… —El Caído sabe que su final puede estar cerca, nota la luz en ella, cargada, al completo—. Esto no es necesario. ¿Por qué no te entregas? ¿Por qué no acabas con el sufrimiento de todos? El de ellos, el nuestro…

Lena, no entiende las palabras del Caído. Recuerda Ebadia, recuerda a Liam. La ira la invade de nuevo, sus ojos cambian a luz.

Los sumisos huyen, al ver el enorme poder que nace de esa portadora, un poder que nunca habían visto.

La guardia de la luz se dirige hacia donde se ha visto la explosión de Luz, en su camino, ven a Lena, volviendo. Se la ve cansada, pero anda erguida, con paso firme. Cuando Marduk llega, le va hablar, va a pedir explicaciones, pero al ver su cara, no se atreve, así que solo la acompañan de vuelta al a luz. La incursión para Angelare tendrá que esperar a que Lena recupere fuerzas.

Lena se despierta. Puede ver a Liam durmiendo a su lado. Le viene una frase a la cabeza.

«¿Por qué no te entregas? ¿Por qué no acabas con el sufrimiento de todos? El de ellos, el nuestro…»

En su momento no lo entendió. Ahora sí. Desde que encendió la farola, no puede parar de pensarlo. Se siente egoísta, como si para que ella fuese feliz, los demás tuviesen que sufrir. Lleva tanto tiempo comiéndola por dentro que la está matando. Recuerda a Liam en el río, él le da fuerzas para seguir, pero también quiere salvarle. Lleva días sumida en sí misma, con una pelea interna titánica, no puede más.

Toma una decisión, una que le cuesta enormemente.

Se levanta, se viste y se va.

Cuando sale a la calle, dos guardias apostados en la puerta se disponen a acompañarla. Lena los para.

—No, esperad aquí, necesito estar sola unos minutos.

—Pero Lena, no podemos… —Los guardias se miran preocupados.

—Es una orden. —Lena los mira muy seriamente.

Los dos guardias se miran confusos, pero acatan la orden.

Lena camina sola por una calle, cuando escucha que alguien le habla.

—¿Te vas? —Airo está sentado, apenas se le ve, parece que la estaba esperando.

—No lo entiendes. —Lena para, pero no lo mira, mira al suelo. Su voz está completamente apagada.

—Ahí te equivocas. —Airo se levanta, y camina hacia ella, la coge de la barbilla, para que levante la mirada, y le sonríe—. Tú no te acordarás, pero te vi de pequeña. Bueno, hiciste que te viera. Me miraste, tuviste la capacidad de transmitirme algo que no se puede transmitir con palabras, algo enorme. Lo sentí, sentí parte de tu dolor, de tu sufrimiento, de tus actos. No lo entendí, pensé que era porque te habían cogido los demonios, porque eras una niña… Estaba ciego. —Airo se vuelve a donde estaba antes, y se sienta—. Lo entendí el día que sujeté a mi hijo por primera vez. Me vino a la cabeza lo que me hiciste sentir. Lo comprendí. Miedo por algo más allá del sufrimiento, por un sacrificio sin fin. Y todo por nosotros, por tu corrupta creación. Lloré, deseando que fueses libre, que ganases a la oscuridad. Te entiendo mejor que tú a ti misma.

Lena se da la vuelta, le mira asombrada. Airo continúa.

—Sé lo que eres, quizás ni tú lo sepas bien, pero yo lo supe en ese momento. Te hiciste mortal, para salvarnos.

—Lo único que sé seguro, es que soy Lena.

—Sí, también… Y por eso, tienes que comprenderlo. Si te vas, si nos dejas, no nos salvarás, nos quedaremos sin ti, nos quedaremos sin Luz, nos quedaremos… solos. —Airo dice algo que llega a lo más profundo de Lena—. No tienes derecho a decidir tú sola, nosotros también contamos, todos los que estamos contigo. Déjanos ayudarte a ser libre, a liberarnos, a ganar.

Lena se queda callada, no sabe qué decir, su mente aún es demasiado limitada para procesar toda la información que tiene de su yo verdadero, está agotada.

—No puedo obligarte, pero por favor, déjanos ayudarte.

Airo se va. Lena permanece más de una hora de pie, quieta, sufriendo por dentro. Se da la vuelta, y lo ve. Liam está de pie, en la distancia.

—¿Cuánto llevas ahí?

Se nota que lleva bastante tiempo, no ha querido interrumpir, sabe que la lucha interna que sufre es enorme.

—Desde que saliste por la puerta. Donde tú vayas, iré yo.

Lena siente el apoyo de todos, incondicional, recupera algo de fuerza. Un sentimiento la recorre, reafirmando la decisión que tomó hace eras, la decisión de ser libre, la decisión de no someterse. Corre a abrazar a Liam, a llorar. Cuando termina, mira a Liam.

—¿Y si no lo conseguimos? ¿Y si no cerramos el portal? —Lena tiene miedo, no solo por ella.

—Lo conseguiremos, déjanos intentarlo. Es lo que queremos.

El abrazo de Liam la transporta a otro momento, el momento en el que la Luz huyó, el momento en el que decidió dejar la sumisión, y se sintió libre por primera vez. Decide confiar, decide intentarlo. Lo intentará con todas sus fuerzas.

Tarde lo que tarde, destruirá a la oscuridad.

LA NAEDRA

Por fin llegan a Cúpula. Queda muy poco tiempo para que se produzca la Naedra. En Cúpula ya han preparado todo. Los civiles han abandonado la ciudad. Hay demasiado silencio, parece el fin del mundo. La Ciudad, que hace poco habían visto rebosante de vida, parece apagada, parece otra cosa. El ejército va revisando casas, buscando civiles rezagados y preparando la plaza.

Es difícil distinguir la enorme plaza central. Han montado barricadas, máquinas y todo lo que los estrategas de Cúpula han podido en tan poco tiempo. La plaza termina en unas enormes escaleras que suben hacia la entrada de los jardines de palacio. Ahí estarán los portadores, protegidos por la defensa de segunda línea. A una distancia perfecta, la máxima para poder canalizar su luz al portal y lo suficiente para tener delante la primera línea de defensa, una potente.

Esa primera línea de defensa la compondrán los mejores hombres de todos los ejércitos, acompañados de los hijos de la luz. Su labor, protegerlos, cueste lo que cueste, para que el portal, una vez abierto, sea cerrado.

Nada más llegar Lena se dirige al cementerio, los guardias que la acompañan le dejan una distancia suficiente como para que esté sola. Sabe que ya han traído los restos de Marduk. Se sienta sobre sus rodillas delante de una tumba donde parece que se erigirá una estatua en algún momento. En ella, está escrito:

Marduk

Un pilar, nuestro pastor, nuestro guía en la oscuridad

Un héroe de la humanidad, para toda la eternidad

No sabe quién ha elegido esas palabras, pero sonríe al leerlas, le parecen acertadas. Permanece sentada sobre sus rodillas, cierra los ojos, se recuerda de niña, jugando y corriendo con Marduk, ese hombre duro, ese pilar de la humanidad, que con ella solo demostraba amor, luz, bondad. Él la recondujo a la luz, cuando no era más que una niña perdida, sin saber siquiera quién era. No fue fácil, pero él no desistió, será su héroe, por toda la eternidad. Siente que alguien se sienta a su lado, y una voz, la voz de Marduk, le habla, de forma dulce.

—Ya sabes quién eres. No dejes que La Luz sea sometida, nunca más.

Lena se sobresalta y abre los ojos, mira a su lado, no hay nadie, mira a su alrededor, tampoco. Se levanta, vuelve a mirar a la tumba, sonríe, y asiente.

Todos los demás se están preparando, repasando tácticas, renovando armas. Mientras, después del cementerio, Lena va a ver a los portadores para hablar con ellos. Están todos, incluido el niño que salvó, no sabe manejar la luz, casi no tiene, pero ha venido.

Aisha, una niña de unos catorce años se adelanta, cuando Lena la ve, se recuerda a sí misma, hace tiempo.

—¿Y no podremos proteger a los nuestros?

Lena mira al suelo por un momento, otro portador se adelanta.

—No, tenemos que gastar hasta la última gota de luz en el portal. —Mira a Lena, esperando su aprobación.

—Será difícil… —Lena sabe que todos los portadores tienen luz en su interior. Y cuando la luz forma parte de ti, hay determinadas cosas que no puedes soportar—. Pero no nos queda otra opción, tenemos que ser fuertes, no dejemos que luchen en balde. Si no lo cerramos, todo esto, todo lo que ellos hagan por nosotros, no habrá servido de nada.

Todos asienten, se abrazan. La mayoría de ellos sabe lo que es quedarse sin luz, y saben lo que van a tener que sufrir.

Casi en silencio, completamente organizados, todos se colocan. La espera se está haciendo eterna. Los segundos parecen minutos, los minutos, horas. En la plaza desierta, no se oye casi nada. Todos están nerviosos.

Los hijos de la luz están en primera fila. Eso consigue infundir moral en el resto, los que están cerca se aproximan a hablar con ellos, a recibir consejos. Airo se adelanta, y se da la vuelta. Ve a todos serios, percibe miedo. Así que levanta su espada, y mira a todos, y grita, todo lo fuerte que puede.

—¡¡¡Por la luz!!!

No pasa ni un segundo, todos responden, levantan su arma, gritan. El estruendo se contagia, la moral sube, los portadores se sienten arropados. La humanidad está preparada.

El cielo está completamente gris, se puede notar como el planeta entero tiembla, la luz tiembla.

La Naedra comienza.

Las tres puertas comienzan a abrirse, de ellas sale una luz verde que en poco tiempo llega al centro de Cúpula. Las farolas se debilitan, las esferas de Lena también, casi no se pueden ver.

En los bordes, los ejércitos de demonios avanzan. Les duele entrar, se les nota, pero pueden.

La batalla comienza, en todos lados.

Los tres rayos de luz convergen en la plaza de Cúpula. El suelo desaparece, lo sustituye un enorme vórtice oscuro. Comienzan a salir demonios, primero decenas, luego cientos.

El cañón estaba preparado. Los cilindros se encienden, todo el túnel se ilumina con una luz muy intensa. A través del paso puede verse un enorme rayo de luz, que llega directo a Cúpula, directo al vórtice.

Cuando los portadores lo ven comienzan a canalizar toda la luz que pueden, también al vórtice, los que se agotan antes continúan, sufriendo, gritando. No pararán. Usarán hasta la última gota de luz que posean.

La primera línea de defensa comienza su labor. Permanece firme, protegerán a los portadores, no llegará ningún demonio. La batalla es brutal, hay demonios que consiguen pasar hacia los portadores, chocando contra la segunda línea de defensa.

Son demasiados, Aisha es atacada por varios, cae al suelo, usa su luz, la poca que la queda, para defenderse. Pero ya es tarde, la han destrozado, sangra mucho, hasta que queda inerte. Los demonios no han tenido piedad. Saben a qué portador quieren, saben quién es la reencarnación de La Luz, el resto, son prescindibles. El ataque a Aisha ha sido tan rápido, que los demás portadores no han podido reaccionar. Lloran por dentro, y siguen su tarea. No será en vano.

En medio de la batalla, Liam para, ve una figura que sale del portal, lo reconoce.

Ethan carga contra él, tan fuerte, que lo tira al suelo. Liam se levanta e intenta defenderse. Los demás corren a ayudarle.

—¡Ethan! —Jaina le llama, Ethan la mira, pero la ignora, su objetivo es Lena.

—Quitaos de mi camino, es lo mejor para todos. —Ethan da un ultimátum.

—No. —Liam lo tiene claro.

Vuelve a golpear. Pelean, Liam deja que la oscuridad lo posea de nuevo, no puede dejarle pasar. Aun así, Ethan es demasiado fuerte. Pelean, no hay un claro ganador, pero si no recibiese ayuda, probablemente Liam ya habría perdido. La lucha es titánica, ambos se van agotando.

En un descuido, Ethan consigue superar a Liam, y su espada se dirige a su cuello. Se topa con una barrera de luz.

Muy en la distancia, arriba, en las escaleras de la plaza, Lena ha parado de canalizar luz al portal, ha redirigido su energía. Ha traicionado su palabra, no ha podido evitarlo, algo superior a ella ha reaccionado a tiempo. Mira a Ethan, con pena. Ethan tiene un segundo de confusión, la mirada de Lena penetra en él, confundiéndole.

Ese momento es aprovechado, todos le atacan. Ethan es el más fuerte, el más hábil, pero no puede con ellos. No puede con los hijos de la luz. Las palabras de Airo el día de la fiesta, como si estuviesen en un lugar oculto, como si al recordarlas pertenecieran a otra persona, vienen a su mente. Y lo comprende, no podrá con ellos. Por muy hábil, por muy fuerte que sea, no podrá.

Agotado, confundido, superado, se deja golpear por toda la fuerza de Gerd, un golpe que podría haber esquivado fácilmente. Recibe el golpe esperando ser aniquilado. Cae enormemente herido al suelo, inconsciente.

La batalla no ha parado, cada vez es más brutal, varios portadores han sido apagados. Las defensas están muy mermadas, el campo de batalla es sangre, gritos, agonía y dolor.

El cañón de Igtus termina, se ha agotado. Los portadores ya no pueden más, solo Lena continúa.

El portal no se ha cerrado.

Lena está sangrando, se esfuerza tanto que se nota morir. Grita, la luz que sale de ella es muy débil. Al poco, cae al suelo, jadeando, sin ni una sola gota de luz, completamente agotada.

El portal sigue abierto. Solo un hilo muy débil de luz verde lo mantiene así, ha faltado poco, muy poco. Solo un portador más, solo un fruto, el destino se ríe en su cara.

Han fracasado.

La batalla para. Del portal empieza a emerger un demonio, diferente, único. Mide unos tres metros, es imponente. La negra oscuridad sale de él, lo sigue. Su rostro, su forma, transmite la ausencia de vida, la oscuridad en sí misma. Sus ojos son el vacío. Sus bocas, por todo su cuerpo, se abren a la vez, creando un sonido perturbador, como si su voz saliese del cielo, del mundo, directo a las cabezas de todos los presentes. Es La Oscuridad en sí misma, el mal caminando. Cuando aparece, todos, absolutamente todos, se quedan paralizados, algo les impide moverse.

—Se acabó, hermana. —Su voz hace eco en todo Cúpula, haciendo temblar a cualquiera que lo oye. Lena lo mira, agotada, destrozada, acabada. La Oscuridad continúa.

—Este juego tiene que acabar. Has perdido. Me perteneces. —La Oscuridad está en el borde del portal, al lado de Liam, que no se puede mover. Uno de sus brazos cobra forma de filo, y se coloca contra el pecho de Liam, dispuesto a ejecutarlo. Ellos han sido uno, sabe lo que significa Liam para ella.

Lena, grita, pide que pare. Se levanta, mirando a La Oscuridad, aceptando su destino. La Oscuridad para, pero el filo sigue apoyado en el pecho de Liam.

—¡Al fin!, hermana, al fin eres mía. Hemos esperado una eternidad, pero todo volverá a ser como antes. —Todas sus bocas sonríen, cuando lo hacen, todos los demonios, estén donde estén, sonríen—. Ellos han sido tu perdición, te has vuelto vulnerable ¿Por qué lo has hecho?

Lena no contesta, en su cabeza llegan cada vez más recuerdos, recuerdos arcanos, recuerdos ocultos. Vuelve a temblar.

—No sé por qué te fuiste. Pero eso ya da igual, vendrás a donde te corresponde, a mi lado.

Lena está tan desesperada que piensa en suicidarse, su pensamiento es transparente para su hermano.

—Si lo haces, volverás, y te buscaré. Me quedaré aquí, esperando. Lo someteré todo, a todos, contemplarán mi verdadero ser. Serán míos. Serás mía. Pero te ofrezco un trato. Ven conmigo, y tu pequeño mundo, tu pequeña salvación, será libre. Ven conmigo, abandónalos, y nosotros lo haremos. Te perderán, pero serán libres. Y tú estarás donde perteneces, a mi lado.

Lena piensa en ello. Cada vez ve con más claridad. Un sentimiento aparece. La Luz y la Oscuridad, hermanos eternos. El sentimiento que recorre su cuerpo le muestra su futuro, rendirse ante la oscuridad, la luz sometida. Miedo absoluto, pánico, terror. Si ese sentimiento recorriese a cualquier ser mortal, lo fulminaría. Va a fallar a todos, va a fallarse a sí misma. El precio a pagar es demasiado alto, incluso para un dios. Mira a Liam.

Lo pagará.

Lena cierra los ojos para armarse de valor, un valor inhumano. Lágrimas salen de sus ojos. Y comienza a caminar.

Todos miran impotentes, no se pueden mover. Gritan, lloran, desde lo más profundo de su ser, todos sus amigos están siendo destrozados. Han perdido. La Luz se irá. Lena sigue caminando.

Liam la mira desde la distancia, consigue suficiente fuerza para hablar.

—La luz tiene que ser libre.

Lena se para, algo la asusta, todavía más que la decisión que acaba de tomar. La oscuridad ya había poseído a Liam, ahora le toca a la luz. La luz interior de Liam emerge, se une con su oscuridad y crecen. La luz y la oscuridad por separado son muy poderosas, juntas, imparables. Su poder ha estado esperando el momento adecuado, quieto, atento. Ese momento ha llegado. Liam se puede mover, el poder de La Oscuridad ya no le hace efecto. Con la fuerza de un titán, agarra el brazo ejecutor de La Oscuridad y se lo hunde en su propio pecho. Recuerda las palabras de Airo, no fallará, no la dejará.

La Oscuridad mira asombrada.

—¡¿Qué estás haciendo?! —Liam sujeta el brazo de la Oscuridad con fuerza, y en menos de un segundo, avanza hacia el Mal atravesando su pecho, agarrándolo con tanta fuerza, que La Oscuridad no puede deshacerse de él, por mucho que lo intente.

Entonces la Oscuridad lo ve, en el brazo izquierdo de Liam, el brazo que le sujeta con más fuerza, hay un fruto lleno de luz, un fruto muy poderoso. ¿Cómo se le pudo pasar por alto? Lo entiende, e intenta escaparse, grita, llama a los suyos, que empiezan a correr hacia él a toda velocidad.

No les dará tiempo.

—¡¡¡Liam!!! —Lena también corre hacia ellos, gritando sin parar, sabe lo que va a pasar. Él la mira, por última vez, y le sonríe, una sonrisa de agradecimiento, una sonrisa de despedida.

Y salta, arrastrando a La Oscuridad con él, al vacío, al interior del portal.

El portal consume el fruto, desintegrando el brazo de Liam. El portal no aguanta más, ha recibido la luz que faltaba, la luz que los salvará a todos. Un haz de energía enorme sale disparado hacia arriba, el mundo grita. La luz verde se apaga. Como un sumidero enorme, el portal se traga a los dos.

Y se cierra.

El enorme agujero desaparece dejando el suelo en su estado original. Lena grita, y corre, Se tira al suelo, sabe que es inútil, pero está enajenada, intenta abrirlo con sus propias manos, hasta que la sangran los dedos. Grita, grita mucho, llora, golpea el suelo. El dolor es tan fuerte, tan intenso, que la controla, la desequilibra. Todos recuperan la movilidad. Desde lejos, Airo intenta ir a por ella, a sujetarla.

Pero ya es tarde.

El sonido desaparece, la luz se contrae, el mundo deja de respirar. Debajo del suelo empieza a emerger luz, la luz del planeta, comienza entrar en Lena, la levanta en el aire, levitando. Airo grita, la llama, pero no se le oye, no suena nada. En pocos segundos Lena ha recibido una cantidad de luz enorme, una gran parte de sí misma. El sonido vuelve.

El estallido es tan grande que arrasa con todo lo inmediato, tirando a Airo varios metros para atrás. Avanza rápido, letal, y sin fin, casi sin límite. Los demonios de todos lados gritan de agonía, sufren mientras son purgados, erradicados, eliminados. La explosión llega a todos los bordes de luz conocidos, atraviesa todas las batallas en curso.

Hasta donde llega la luz, los demonios son exterminados, las infecciones son erradicadas, la oscuridad se desvanece. El golpe de luz ha sido demoledor.

La oscuridad pierde aquí, merma enormemente en este mundo.

Airo lo entiende. Para crear luz, hace falta oscuridad, Lena vino a este mundo condenada, a sufrir, para poder salvar.

Lena cae, prácticamente muerta. Las esferas de luz de la hija de la luz han desaparecido, ya no hay luz, no hay protección. Pero ya no hace falta, muchísima oscuridad ha sido destruida en esta explosión única, en esta devastación de luz, y la que queda está muy lejos. Se preocuparán de eso más tarde.

Todos llegan al lado de Lena. Jaina la coge, llora, intenta que reaccione, entre lágrimas, pregunta a Airo. Lena respira levemente, ¿No habrá alguna oportunidad?

—Volverá a despertar, como siempre ¿Verdad? —La pregunta de Jaina es desesperada. Airo levanta la mirada, para comprobar que la esfera que creó cuando era una niña, no está. No contesta, no quiere mentirle. Lena ha cumplido su función, ya puede descansar. No cree que vuelva.

El mundo respira, como la calma después de la tormenta, se hace el silencio, todo parece estar volviendo a la normalidad. Todos saben que han ganado esta batalla, una enormemente importante, pero no la guerra. Tendrán veintiún años para prepararse.

Hay mucho trabajo, hay mucho que hacer, pero los hijos de la luz son ajenos a todo eso. Airo lleva a Lena en brazos. A su paso, todo el mundo que ha sobrevivido a la lucha está quieto, viendo pasar a su salvadora, entendiendo su sacrificio.

Nadie habla. El mundo entero permanece callado. Aunque se han salvado, la tristeza es enorme, sus corazones lloran.

La acuestan en su cama, todos se quedan a su lado, cayados, da igual lo demás. Su vida se va apagando poco a poco, ya falta poco, al menos estarán a su lado en su final.

Lena vuelve a caminar sola, perdida. Como cada vez que ha sido puesta a prueba. Como las otras veces, el espacio es completamente negro, sin bordes, sin suelo y sin horizonte. Ya puede ver el palacio blanco, ya puede ver su casa.

Ya no hay banco, no hay nadie en medio el camino, nadie que la intente convencer para volver. El recuerdo de Liam la consume, le duele tanto, que le cuesta andar. Ya falta poco, para descansar, para volver a su yo original, para volver a casa. Pero sabe, que, aun así, nunca lo olvidará, el dolor será eterno, echará de menos a Liam, por siempre. Un dolor que no se curará. El pago ha sido enorme. Por lo menos, podrá despedirse de él.

Sus padres, Marduk y Odhin están a la entrada. Antes de pasar, la abrazan, es un adiós, un adiós dulce. Están ahí, para mostrarle su sacrificio, su dolor, el dolor que ha traído la luz de nuevo al mundo. El dolor que ha salvado a todos. Lena se dispone a cruzar, entonces para, se da cuenta de algo.

—¿Dónde está Liam?

Annete mira los papeles, sin leer, sin observar, como abstraída. Sus fuerzas y su ímpetu han desaparecido. Se pone a llorar.

La puerta suena muy fuerte, alguien golpea con ansia. Ella se seca los ojos corriendo.

—¡Annete! —Es la voz de Filo—. Corre, ven. ¡Corre! —Annete abre la puerta, Filo la mira con prisa—. ¿Pero quieres correr mujer? —Filo la coge del brazo y se la lleva más rápido de lo que Annete es capaz.

—¿Qué pasa? —Annete no lo entiende.

—Ha preguntado por ti. —La voz de Filo denota alegría, emoción, esperanza.

Entran en la habitación de Lena. El aire ha cambiado, las ventanas están abiertas. Escucha alguna risa. Y entonces la ve, Lena, sentada en la cama, despierta. Annete corre y la abraza, con lágrimas en los ojos, no ha podido evitarlo. Lena le habla, se nota que está extremadamente débil.

—Dijiste que podrías abrir un de las puertas, ¿no? Que podríamos cruzar. —Annete se seca las lágrimas. El ímpetu de Annete vuelve, recupera sus fuerzas. Asiente enérgicamente, tiene muchas preguntas, pero tiene que recuperar la compostura antes de empezar a acribillar a los demás.

—Quería irse sola, la muy ingenua. —Jaina habla mientras está recogiendo cosas. Se están preparando para salir.

—Pero, ¿Por qué vamos? —Annete no entiende todavía.

—Está vivo. Liam, está vivo.

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En la oscuridad nació La Luz, inocente, pequeña

En la oscuridad creció La Luz, esclava, sumisa

En su sufrimiento La Luz se levantó, se reveló

Y todo el universo tembló

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1 Comentario

  1. Editorial Papelyboli 17 junio, 2019

    Buenos días Miguel Ángel, soy Verónica Nieto de ediciones papel y boli. Nos gustaría publicar tus relatos (sino lo has hecho ya) en librerías, asumiendo nosotros los costes de la edición y distribución de tu libro. Somos una editorial tradicional que financia a nuestros autores. Ponte en contacto con nosotros si te interesa a edicionespapelyboli@gmail.com para más información
    Muchas gracias.

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