Mi cajón de cosas

Miguel Ángel Lucas

Hijos de la luz – Capítulo 5

 

descargar en PDF – hijos de la luz – capítulo 5

 

descargar en epub – hijos de la luz – capítulo 5


HIJOS DE LA LUZ – CAPÍTULO 5

Miguel Ángel Lucas

 

Aunque el sol está en lo más alto, el día está gris. El pueblo entero ha quedado desierto. Los cuerpos inmóviles de los demonios se bañan en su propia sangre, una sangre casi negra. Gerd baja al hombre atado en las alturas. El hombre sale corriendo a abrazar al niño, su hijo. No para de darle las gracias a todos. Gabriel y su guardia están dando su adiós a su valiente compañero, sentados a su lado, sin hablar, mientras Gabriel coge su identificación.

Las ventanas y puertas de las casas están cerradas, mucha gente se ha ido. Saben que vendrán, saben que esto traerá consecuencias.

Airo está mirando al padre y al niño, pensando qué hacer con ellos. El niño es un portador.

—Deberíamos movernos — Annete está dando vueltas por la plaza, buscando algo.

—¡Un ejecutor! —Filo está delante de Liam mirándolo, con la cara desencajada—. Tenemos un puto ejecutor, ¡Se van a cagar! —Está claramente emocionada. Liam no, él duda de su condición.

Liam extiende su espada a Ethan, que lo mira con tono de aprobación, pero sin decir nada.

Gabriel se levanta y da instrucciones a su hombre.

—Hay que poner el niño a salvo, llévalos a Angelare, no paréis, Volved por donde hemos venido. Id con cuidado.

Mientras niño, padre y soldado parten de vuelta, Annete busca por la plaza, sin perder el tiempo. Al rato, encuentra una estatua de un demonio, en uno de los bordes. La estatua es grande, de piedra.

—Es aquí. —Se echa al suelo y empieza a quitar la tierra, se puede ver alguna línea que indica que debajo de la estatua hay algo. Llama a los demás.

Todos empujan, tienen suerte de contar con Gerd. Con una fuerza enorme consiguen tirar la estatua, que cae rompiéndose en varios trozos. Debajo se puede ver una trampilla, del material metálico de otras veces.

La abren.

—Entrar ahí puede ser nuestra tumba. ¿Qué pasará cuando lleguen? —Airo mira a la distancia, esperando ver movimiento hacia ellos en cualquier momento.

—Según los planos que vi, debería haber otra salida. —Annete tranquiliza al grupo, aunque ella aún tiembla de miedo. Todos entran.

Después de bajar unas escaleras bastante largas, ven un pasillo estrecho, bastante oscuro. Pero tiene algo de luz tenue. Unas esferas parecidas a las del túnel de Igtus adornan el techo. Aunque parece una luz muy débil, quizás estén algo protegidos.

En la penumbra, avanzan, hasta que llegan a una puerta. Como en todas las otras estructuras encontradas, tiene un terminal al lado, con botones. Todos miran a Annete.

—Vais a tener que empezar a ayudarme con estas cosas. —Annete se adelanta mientras mira a todos con cara de duda—. Porque no os lo vais a creer…, —Se rasca la cabeza. Sigue avanzando poco a poco hasta que llega al terminal—, pero no venía nada de esta puerta en todo lo que he leído. —Annete se da la vuelta para mirar a todos con una sonrisa nerviosa, de preocupación—. No obstante, voy a probar la misma del paso de Igtus. —Empieza a presionar los botones—. A ver cómo lo hacemos, no va a fun…

La puerta se abre.

—¡Toma ya!, ¿veis? —Mira a todos con cara triunfal—. ¿Cómo se os ocurre dudar de mí?

Nadie había dicho nada.

Entran dentro, hay varios pasillos y varias salas de muchos tipos. Todo tiene la misma iluminación que el pasillo, tenue, pero estable. Annete está abrumada, tendrá que decidir donde prestar atención y qué llevarse, hay demasiado material.

Todos llegan a una sala más grande. Cuando entra Lena, un pequeño destello recorre todas las luces, como si algo se hubiese activado. Las luces empiezan a iluminarse más. Un cuerpo capta la atención del grupo rápidamente. En una esquina hay un cadáver por el que parecen haber pasado muchos, muchos años. Ya solo quedan huesos, permanece recostado contra la pared. Viste una bata blanca, toda su ropa es realmente extraña. Ethan se acerca y se agacha para observar. En la bata pone un nombre: Anna. Sujeta una carta cerrada. Con mucho cuidado Annete la abre, el papel está muy deteriorado. La letra está escrita con poca fuerza, como si la persona que la escribió estuviese ya muy débil, parecen sus últimas palabras. Cuesta leerlo, lo hace en voz alta:

Cuando pensábamos que todo estaba perdido, alguien, algo, como un faro perfecto en la oscuridad, nos guio hasta aquí, en el basto océano de la inmensidad, encontramos este lugar. No creo en las casualidades. Sé que algo nos salvó. Usando las mismas puertas por las que llegó nuestra perdición, huimos. Llegamos aquí. Sabíamos que nos seguirían. Nos preparamos, no nos confiamos. Encontramos la luz, construimos el cañón de Igtus, lo preparamos todo. Pero hemos fracasado. Las puertas se abrieron, la luz mermó. Fracasamos por muy poco, si hubiésemos tenido algo más de luz…. Sea lo que fuese lo que nos salvó, lo que nos trajo aquí, le hemos fallado. Ya no hay esperanza, se acabó.

La fecha de la carta es de hace más de cuatrocientos años.

Jaina se acerca a una pared.

—Mirad aquí. —Todos se giran a mirarla.  Jaina se aparta para que todos lo puedan ver.

Un amplio mapa, de todas las regiones, está pegado en la pared. Es bastante detallado, tiene pegadas algunas cosas adicionales, que no forman parte del mapa original. Hay tres chinchetas colocadas en el mapa, lejanas unas de las otras. Están unidas con un hilo, formando un triángulo equilátero perfecto. Annete lo reconoce en seguida.

—Son las puertas, las que se abrieron. Por donde vinieron, están ahí.

Filo escudriña en el mapa.

—Una vez tuve que esconderme cerca de una de esas puertas, de ésta, —Señala una—, vi como llevaban a un portador hacia ella. No sé más, me fui de allí. —Nadie sabe qué pasa con los portadores que se llevan los demonios.

Gabriel repara en un aparato muy extraño que está en una mesa. Se acercan a verlo. Tiene una ficha de papel pegada, la lee en alto.

—Prueba de generador 127. No es posible generar electricidad aquí. Usaremos la Luz como fuente de energía.

Annete levanta una oreja.

—Electricidad, he leído eso en algunos sitios, como una fuente de energía. No sé qué es.

Todos están buscando información del cañón de Igtus. Jaina encuentra unos papeles, y llama a Annete.

—¡Esto es!, déjame ver… —Annete empieza a mirar, y va traduciendo sus conclusiones al resto poco a poco—. Según esto, el cañón de Igtus se construyó apuntando a algo a lo que llaman “el portal principal” —Sigue leyendo—. Esto es interesante, escuchad: “Los portales están sintonizados con nuestro mundo, podemos ir, pero no volver. No obstante, cuando llegue La Naedra, el camino quedará expuesto y los portales se podrán usar en ambas direcciones. Nos encontrarán. Si las puertas se abren, el cañón de Igtus lo cerrará hasta que pase el fenómeno, siempre y cuando cuente con la potencia suficiente”. —Annete coge todos los papeles y se sienta en una mesa a mirarlos con más detenimiento—. Aquí vienen instrucciones precisas de cómo se enciende y se usa.

El resto sigue hablando entre ellos.

—Entonces, cuando llegue la Naedra, las puertas se abrirán —Airo está pensativo—. Si nos mantenemos en zona segura, ¿Aguantaremos?

—La luz mermó. —Liam está leyendo de nuevo la carta—. Es posible que cuando eso pase, no estemos protegidos, nadie lo esté.

—Hay que cerrar el portal principal. —Lena lo tiene claro. No sabe por qué, pero lo ha sabido siempre, ahora lo ve más claro—. Lo cerraremos, tendremos veintiún años más para salvar a más portadores. Y luego expulsaremos a todos los que se queden aquí. Los eliminaremos. No ganarán, no esta vez.

—Incluso aunque consiguiéramos encender el cañón de Igtus, y usarlo, ya lo has leído, no fue suficiente. —Gabriel está sentado en una silla, con los brazos apoyados en una mesa, desanimado por lo que acaban de descubrir.

—No tenían a los portadores. Llamaremos a todos, nos uniremos y lo cerraremos. —La confianza de Lena da un atisbo de esperanza a todos.

—Pero hay tres puertas, portales, o lo que sean, ¿Cuál es el principal? —Filo está sentada en una mesa moviendo las piernas, su apunte es importante.

Annete se levanta de la mesa.

—No es ninguno de esos tres. Me parecía raro, el cañón de Igtus no apunta a ninguno de ellos.  —Annete está en el mapa, traza unas líneas que unen los tres vértices en el centro exacto del triángulo—. Está aquí. En Cúpula. —De la misma forma, traza una línea desde el túnel de Igtus, hacia ese punto. Concuerdan perfectamente.

—Lo recuerdo… —A Airo se le abren los ojos—. Lo vi, hace veintiún años, antes de la creación de la esfera. Un agujero enorme, por el que no paraban de salir demonios, en dirección al núcleo. Ahora es la plaza principal de Cúpula.

—Vale. Encender el cañón, reunir a los portadores, ir a Cúpula y salvar el mundo. Yo lo tengo claro. —El ánimo de Filo ayuda al resto— ¿Cómo encendemos la cosa esa?

Annete sigue en el mapa.

—Yo pensaba que era aquí, pero no. Viene en estas instrucciones. Mirad.

Les señala un edificio en el mapa, también puesto de forma adicional al mapa original. Está en Antaia, una zona bastante montañosa, sumida en la oscuridad, al norte.

—Está aquí. Es una estación de luz, como un generador, debe de ser una fuente de luz muy potente. También parece una farola. Según esta línea, conecta con el cañón de forma subterránea. Tenemos que ir ahí. Una vez encendido, deberíamos enviar gente capaz a prepararlo para usarlo en el momento preciso. Será fácil, gracias a la esfera que creó Lena allí hace poco.

—¿Una farola? ¿No las creamos nosotros después de la esfera de Lena? —Gabriel duda.

—Sí, y no. Las que conoces las creamos nosotros, pero nos basamos en documentación recuperada, debía de ser de ellos. —Annete señala el cadáver—. Todo lo conseguido ha sido gracias a ellos.

Se empiezan a preparar, Ethan para un momento.

—Una vez ahí, Annete, ¿Cómo se enciende el cañón?

—Hay que arrancar el generador. No estoy segura de cómo —Annete se encoge de hombros—. Pero sé que necesitaremos una cosa para ayudar a encenderlo, seguidme.

Descuelgan el mapa, se lo llevan. Eso y bastantes documentos que han ido cogiendo.

Annete indica a todos que la sigan. Va mirando en los papeles mientras se intenta guiar. Llegan a una sala. La abre. La sala se ha construido sobre una cueva. En el centro, una mesa en pendiente con el borde en diagonal, como la de la otra vez, pero más grande. En la mesa hay un fruto, un aro de luz, muy grande, muy luminoso.

—Por esto es subterráneo, aquí cosechaban un fruto, para estudiarlo. Aunque yo pensaba que se cargaban por la luz exterior. —Annete duda, pero no cuestiona la suerte de tener un fruto tan potente cerca.

Lena se acerca.

—Nos lo llevaremos, podremos encender la farola que dices, y si sobra, Ursia a la vuelta, nos ayudará contra ellos.

Lena duda, el aro es demasiado grande, nunca había visto uno tan grande, y ella está tremendamente débil, la poca luz que había recuperado la ha gastado peleando. Cuando un portador se queda sin luz, todo merma en él, su vitalidad, su resistencia, todo. Pero es importante, se arriesga. Lo toca.

La luz es muy fuerte, comienza a fusionarse con ella. La cantidad de luz es demasiada. Lena empieza a gritar, cae al suelo, la está destrozando. Todos corren.

Ven como el fruto está fusionándose con ella, se va descomponiendo en fragmentos circulares que se incrustan en su brazo. Ven a Lena muriendo, la fusión va a acabar con ella. La abrasa, duele, quema, la está dejando sin vida.

 

 

A través de los barrotes, una mujer tiende la mano a una niña, y la acaricia.

—No mires mi amor, date la vuelta—La niña hace caso—. Tú cierra los ojos. Siempre estaré contigo, todo saldrá bien.

La madre intenta tararear una canción, intenta tapar el sonido del horror. A veces deja de tararear, para poder gritar. La mano de la madre ya no acaricia a la niña, está inerte. La voz se ha apagado, ya no se la escucha, solo se escucha el sonido de las bestias que se la están comiendo. La niña tiene los ojos cerrados. Se reprime, intenta no hacer ruido. Intenta no oír, no escuchar, no llorar. Se repite algo constantemente en su cabeza,

Se arrepentirán

 

 

Lena despierta. Todos están con ella.

—¡Menos mal! —Jaina está sentada a su lado, dándole agua.

—¿Cuánto ha pasado? —Lena no sabe lo que lleva inconsciente.

—Poco, muy poco, pero nos has dado un susto de muerte.

—No lo entiendo. —Se mira el brazo—. Aquí no habrá ni la mitad del fruto. ¿Qué ha pasado?

Liam se acerca, y se arremanga. Se pueden ver multitud de esferas luminosas en su piel.

—Me he aficionado a esto. —Liam sonríe mientras se vuelve a tapar el brazo.

Lena lo entiende, antes de matarla, Liam tocó el fruto, se repartieron la fusión. La había salvado.

Salen de la cueva del fruto y buscan la otra salida, no pueden volver por donde han entrado, les estarán esperando. Avanzan por pasillos de luz tenue durante mucho rato. Cuando llegan al final, descansan un rato antes de salir, no saben cuándo podrán volver a hacerlo.

 

 

ANTAIA

El grupo sale por otra trampilla, dentro de una pequeña cueva, en medio del bosque. Tienen suerte, no parece haber nadie fuera. Se está haciendo de noche.

Gabriel para.

—Alguien tiene que volver a contar esto. Hay que ir llamando a los portadores, hay que preparar los ejércitos, habrá que defenderse. Iré yo. —Todos se empiezan a despedir de él—. Si encendéis la farola de esa zona, si es posible, enviad un mensaje, por si no lo consigo.

Toman direcciones contrarias. El grupo avanza hacia Antaia. Para llegar tienen que atravesar la montaña por un bosque, les llevará algunas horas.

Antaia está al norte de Angelare. Una de las tres puertas pequeñas por donde llegaron los demonios está ahí. Toda la región está en zona oscura. Para llegar a Antaia por el norte de Angelare hay que pasar por un valle entre las montañas. Existe una muralla con una puerta central, que hace de separación entre ambas. Antaia es una región sin vida humana, solo de demonios. Las únicas opciones para conseguir pasar, son la puerta de la muralla o escalar montañas. La segunda opción queda descartada.

El grupo se va acercando a la muralla. Se ocultan detrás de unos árboles. Ya se ve la puerta. Una gran abertura en la muralla está cerrada por una puerta de barrotes de hierro. Delante hay varios sumisos, custodiándola. Gracias a la luz de las antorchas colgadas en la muralla, se pueden ver bastantes más sumisos por la zona. No se ven demonios.

—¿Cómo hacemos? —Gerd está contando cuantos sumisos hay.

—Son humanos. Es posible que atiendan a razones. —Las palabras de Lena suenan demasiado inocentes a los demás.

— No sé yo. Estos están aquí porque serán agraciados la mayoría de ellos. —Filo sabe que hay muchos humanos que son fieles a los demonios—. Yo no me fiaría.

—Estas murallas son como las de Ibontus, las conozco. —Ethan fue soldado en Ibontus. Está buscando con la mirada pequeñas puertas que dan al interior de la muralla, las localiza—. La puerta se abre desde dentro.

—Yo la abriré. —Filo se empieza a preparar para avanzar.

—No, espera. —Ethan la para—. Lo haré yo, dentro es un laberinto, pero si es igual que la de Ibontus, sabré hacerlo.

Airo está pensativo.

—¿Y tú?, ¿y si te acompañamos alguno?

—No, me estorbaríais. Una vez paséis, continuad hasta el generador, yo intentaré seguiros, pero si no puedo, no me esperéis—Ethan se sujeta bien la espada a la cintura—. Volveré a Angelare, os esperaré allí.

—Ethan… — Jaina está preocupada.

—No os preocupéis por mí, sé lo que hago.

El grupo se prepara, y avanza hacia la puerta. Mientras todos van a la puerta llamando la atención de los sumisos de la zona, Ethan aprovechará para colarse dentro.

Cuando les ven llegar, varios hombres se levantan rápido.

—¿Dónde vais? —Un hombre al que le faltan varios dientes se pone en el medio, otros lo acompañan.

—Necesitamos pasar. —Airo no da razones.

—Aquí no puede pasar nadie, nuestros señores no nos dejan. —El hombre echa la mano a su arma, dando a entender que la sacará si hace falta.

—¿Vuestros señores? —Jaina se ríe—. ¿De verdad vais a dejar que os manipulen a su antojo?

—Si os dejamos pasar se acabó para nosotros. —Uno de los hombres defiende a su compañero.

—Es importante. —Lena intenta apelar a la razón—. Muy importante.

—Me da igual, lo único que podemos hacer es como que no os hemos visto, daos la vuelta.

—Tu eres tonto. —Filo se encara al hombre—. Deja de lamerles el culo y déjanos pasar.

El hombre la empuja para atrás. Filo saca las dagas, los hombres se preparan.

—¡Basta! —Lena interrumpe—. Si nos peleamos entre nosotros, no tendremos nada que hacer contra ellos.

—Nosotros somos ellos. Esta puerta no se abrirá, último aviso.

—Y si se abre, ¿nos dejas pasar? —Filo habla con tono de burla.

—No se va a abr…

Las puertas comienzan a abrirse.

—Pero qué coño… —El hombre llama a otros, para que vayan a ver qué está pasando.

Gerd, casi sin esfuerzo, echa a un lado al hombre, que sigue atónito, y el grupo comienza a pasar.

—¡Que paréis! —Varios hombres empiezan a venir, se juntan contra el grupo, empiezan a ser muchos.

Liam se da la vuelta, deja ver su rostro, los ojos. Saca la espada. Todos los hombres se quedan quietos, el miedo les invade. Liam habla hacia los guardias de la puerta, con tono amenazador.

—¿No venís? —Al ver que no contestan, vuelve con el grupo.

Los hombres se miran los unos a los otros, quietos, esperando a ser más. Desde el bosque por donde habían venido, comienzan a venir demonios.

—Mierda, tenemos que irnos. —Filo indica a todos que aligeren. Ya han pasado la puerta. Comienzan a correr, en dirección al interior de Antaia.

Antes de que los demonios pasen, la puerta, empieza a cerrarse. Jaina se para y se da la vuelta.

—Justo a tiempo Ethan … —Jaina está quieta, viendo como la puerta se cierra. Reza por volver a ver a Ethan en Angelare. Se van.

 

 

Ethan ve desde una aspillera como el grupo ha conseguido pasar. Detrás de él, cuatro hombres yacen en el suelo, muertos. No tuvieron oportunidad. Ya ha cerrado la puerta. Tiene que volver a Angelare, no podrá seguir al resto. Vuelve por donde ha venido, despacio, no tiene prisa.

Oye ruido de demonios fuera, así que prefiere esperar. Cuando ya no se oye nada, sale. Ve demonios y sumisos al fondo, cerca de la puerta. Ya hay demonios mayores, uno está consumiendo a un sumiso delante del resto por haberles fallado. El cuerpo del sumiso cae completamente pálido, como un cascarón vacío.

Ethan aprovecha la situación y va hacia el bosque. De entre los árboles salta un demonio menor que intenta alcanzarle. Ethan acaba con él de un solo golpe. Pero le han oído, así que corre, bosque a través.

Cuando sale a un camino, se topa con un Caído que es acompañado por varios demonios. Son demasiados. Intenta darse la vuelta, pero otro demonio enorme le corta el paso. Ethan maldice, saca la espada.

—Y los demás, ¿Por qué han pasado a Antaia? —El Caído sabe perfectamente quien es Ethan, quienes son todos.

—No tengo ni idea. —Ethan no dirá nada, nunca.

El Caído ríe, mientras varios demonios se lanzan a por Ethan.

—Ya me lo dirás.

Ethan pelea contra los demonios, no se rinde. Es golpeado por la espalda y cae. Se levanta y continúa. Los demonios son ampliamente superiores, pero su presa no es fácil, no se dejará.

Pelea hasta la última gota de fuerza que le queda, pelea. No deja lugar al miedo, no deja lugar a la duda, no se rinde. Un demonio mayor ya ha caído ante él. Ningún humano en su situación habría conseguido tanto.

Más demonios se unen, no pueden con él. Los demonios se miran unos a otros, hacía mucho tiempo que no veían nada igual. Ethan está agotado, intenta huir varias veces, pero siempre es bloqueado. En un intento, es cogido del cuello por un demonio imponente, que le tira contra el suelo, agarrando su cabeza y sus brazos para que no se mueva, otro demonio lo ayuda. Ethan intenta revolverse, escapar, pero la fuerza de los demonios es enorme, no puede.

El Caído comienza a andar hacia Ethan, a cada paso, desprende poder, la vegetación del suelo se marchita.

—Estáis condenados. Lena os vencerá. —Ethan no mostrará ni una gota de debilidad, nunca.

—Eso ya lo veremos. ¿Sabes? Me recuerdas a alguien… —El Caído se agacha, y pone su mano en la cara de Ethan.

 

 

El grupo avanza hacia arriba, cada vez hace más frío. No debe de quedar mucho para llegar. Su paso por la puerta no ha pasado desapercibido, así que no saben cuánto tiempo tienen, y avanzan todo lo rápido que pueden.  Está muy oscuro, todos paran. A los lados del camino, por los árboles, les acechan. Tendrán que emplearse a fondo, Lena tiene poca luz, y Ethan no está.

Son atacados, pero responden bien, sin ceder, sin retroceder, acabando con todos los demonios. Airo se da cuenta de que el problema no es este ataque, son los que quedan por llegar. Percibe a lo lejos que cada vez están viniendo más, no se pueden quedar ahí.  Mira a Liam.

—Ve con ellas. —Airo se pone al lado de Filo y Gerd, y enciende una antorcha. —Nos los llevaremos por ese otro lado, os quitaremos los que podamos. No paréis. —Mira a Lena—. Contamos contigo, ¡Enciende la farola! —Airo sonríe, mientras empieza a avanzar, con la antorcha en alto. Filo y Gerd se van con él.

La otra parte del grupo avanza en silencio, intentando que el ruido de Airo y los demás se lleve en otra dirección todos los demonios posibles.

Ya se puede ver a lo lejos la farola y una especie de edificio adosado a ella, debe de ser el generador. Queda muy poco. Aunque los demás han conseguido desviar una gran cantidad de demonios, muchos otros huelen a Lena. Ya se escucha como se acercan en la distancia. A este ritmo, no llegarán.

Liam se para y se da vuelta, encarándose a lo que está por llegar.

—Seguid vosotras. Es mi turno.

—No… ¡No! —Lena se niega.

Liam la mira, con el rostro tranquilo, sonriendo.

—No te preocupes, aguantaré. —Liam se prepara—. Sé que aguantaré. Tú enciende la farola, contamos contigo. ¡Ya queda poco!.

Lena quiere decir algo, pero Liam no la deja.

—¡Deprisa!, ¡no perdáis más tiempo! —Ya se puede oír cómo llegan.

Ellas se van, Liam les dará tiempo, todos les darán tiempo, tienen que encenderla. Decenas de pasos se oyen, están llegando. Liam cierra los ojos. No pasarán. Tiene miedo. No por el sonido de los pasos que vienen hacia él, tiene miedo porque va a dejar que la oscuridad lo posea.

 

 

Lena, Jaina y Annete llegan al edificio. Está construido sobre una zona montañosa, en pendiente. Aunque el edificio está más arriba, donde están ellas hay una especie de puerta clavada en el terreno.

—Debe de ser por aquí. —Cuando se acercan, la puerta está entreabierta. No tiene seguridad. No hay luz dentro.

Las tres se miran, dudan, pero se adentran.

Caminan por un interior bastante oscuro hasta que encuentran una escalera de mano, por la que suben. Llegan a una sala cerrada. En los papeles de Annete viene la combinación de entrada, así que no tienen problemas.

Entran a una sala central, bastante grande. Por los lados hay mesas, con mecanismos, y algún tipo de pantalla, a Annete es a la única a la que estas cosas no le parecen excesivamente extrañas. Jaina se acerca a una mesa, hay una imagen dibujada a la perfección en un papel pequeño. Muestra una familia con ropas diferentes, y detrás se ven edificios enormes.

En el centro del recinto hay una pequeña sala circular, de unos 3 metros de diámetro. Está rodeada de una especie de cristal muy grueso que va del suelo al techo. Tiene una puerta, del mismo material. Un cilindro metálico, más pequeño, está dentro de esa sala, también conectado del suelo al techo. Está roto, quemado. En el suelo de esa sala circular hay agua. Cubre unos treinta centímetros de altura. Se vez luz en ella. Recuerda a las termas de Angelare, pero con una carga mayor de luz. En el suelo, bajo el agua, se pueden distinguir esferas, que emiten algo de luz.  Fuera de esa sala hay una especie de mesa con mecanismos. Annete se sienta en la mesa colocando los papeles del laboratorio con cuidado, intentando interpretarlos.

—Aquí se enciende. —Cambia de posición tres palancas, y se dispone a tirar de una cuarta—. Apartaos, no sé qué puede pasar.

Tira de la palanca. Al hacerlo, se oye un enorme estruendo. Se escucha un sonido de succión. Las esferas bajo el agua comienzan a iluminarse mucho. El agua se vuelve luz. La luz sube por el cilindro de metal interior y, con un sonido enorme, todo se apaga de nuevo.

—¡Joder! —Annete se acerca a la sala central e intenta abrir la puerta. Al haber intentado encenderlo, un mecanismo de bloqueo ha saltado, dejando la puerta cerrada. Vuelve a la mesa, después de leer un poco, acciona otra palanca, desbloqueándola.

Abren y miran dentro.

—Es ese cilindro, está quemado. —Annete se está poniendo muy nerviosa.

—Tranquila Annete, ¿Te podemos ayudar? —Jaina intenta ser útil.

—No sé qué podemos hacer. Al encenderlo salta todo, como una chispa. Eso debe de hacer de canalizador y establecer el flujo de luz. Una vez encendido no haría falta, pero como está quemado no es capaz de canalizarlo y establecer el flujo. No aguanta.

Annete está tocando el agua, pensando como sustituir esa pieza, Lena la imita, siempre se ha sentido muy bien al tocar ese tipo de agua, como si una parte de su ser volviese a encontrase con ella. Al hacerlo, se puede ver la luz subiendo por Lena, de una forma hipnótica. El fruto de su brazo brilla muy intensamente.

Annete la mira con la boca abierta.

—A no ser … —Annete se levanta y comienza a pensar—. Nada, déjalo.

—¿Qué? —Lena se levanta, cree que sabe por dónde va.

—Eres una portadora, transportas y canalizas luz. Si te metes ahí, y agarras el terminal de arriba, donde está conectado el cilindro quemado, es posible que la conexión se estableciera, usando la energía de tu fruto y tu cuerpo como canalizador —Annete mira a Jaina—. Pero no tengo ni idea de las consecuencias, podrías… morir. Busquemos otra cosa.

Lena ya se ha descalzado, y se está metiendo en el agua.

—Cierra la puerta. —Lena se agarra arriba—. Actívalo.

—¿¡Estás loca!? —Jaina se niega—. No te pienso dejar, sal de ahí. Tiene que haber una   alternativa, ¿no?

Annete la mira, no le gusta nada la idea, pero no cree que haya otra forma.

—Estamos perdiendo el tiempo, los demás… —Lena se pone seria—. Daos prisa.

—Si veo que te empieza a pasar algo, lo apago. —Jaina está bastante preocupada.

—De acuerdo. —Lena sonríe desde dentro, mientras cierran la puerta.

Annete repite la operación, y lo activa. La puerta vuelve a bloquearse. Se escucha el mismo sonido de succión, las esferas comienzan a iluminarse mucho, cada vez más. La luz comienza a subir por Lena, haciendo que cueste mirarla sin deslumbrarse. Según sube la luz, se crea un sonido sordo, un sonido que hace que casi no se pueda escuchar, un pitido infinito. La luz se canaliza por Lena, comienza a llegar arriba. Lena intenta aguantar, intenta que Jaina y Annete no se den cuenta, pero el dolor es inmenso. No puede aguantar. Grita, grita mucho, pero no deja de agarrar la parte superior. El dolor es tan fuerte que un brazo se suelta. Desgarrándose de dolor, vuelve a subir el brazo, vuelve a agarrarse. No cederá.

—¡Apaga eso! —Jaina está con Annete, mirando cómo sacarla de ahí.

—¡¡No me deja!! —La palanca está bloqueada, esperando a que el proceso se complete.

Jaina se acerca a la puerta a intentar abrirla, tampoco puede. Dentro se puede ver a Lena, le sangra la boca, no deja de gritar. Se han abierto llagas en sus dedos, la sangre cae por su brazo.

—¡Annete! Ábrela ¡¡Ya!! —Jaina sigue intentando abrir la puerta.

—¡Lo estoy intentando!

Ambas están desesperadas. Jaina empieza a golpear con todas sus fuerzas la puerta, no podrá abrirla. Habla a través del cristal, le tiembla la voz.

—¡Lena! Por favor… ¡Suéltate!  —Jaina golpea el cristal todo el rato—. Te lo suplico, ¡Por favor!

Lena la mira. Sus ojos son luz pura. El dolor es tan fuerte, tan intenso, que la va a dejar sin conocimiento. Lena piensa en todos, luchando, aguantando. Piensa en Liam.

No parará.

Se pone más recta, sigue aguantando, la luz sigue pasando por ella, con una intensidad enorme. Todo se está encendiendo.

No cederá.

El fruto de Lena está casi consumido. La máquina está a punto de encenderse. La fuerza a la que está sometida Lena es tal que, por una fracción de segundo, su ser abandona su cuerpo, por una fracción de segundo, la luz se separa de ella. Y Jaina lo ve, tan rápido que casi no se da cuenta, como un espejismo. Ve la luz pura, la creación, la bondad, la inocencia. Ve a través de los ojos de Lena, ve el origen de la vida. Jaina se queda congelada, sin aliento.

En esa fracción de segundo, Lena es ella, Lena está completa, y recuerda.

 

Está en un palacio blanco, mirando por una especie de ventana a un mundo distante, un mundo nacido de ella y la oscuridad. Es un mundo enorme, ahora sumido en la oscuridad, sometido. Edificios enormes, máquinas desconocidas. Todo está en llamas. Todo ha sido invadido por la oscuridad, por la perdición. Muerte, desolación, la imagen es devastadora. Esa visión la está destrozando, le produce una pena que puede acabar con ella. Se prometió no involucrarse, pero no puede evitarlo. Lo hará. En sus manos sujeta una esfera de luz, la luz más pura que existe, una enorme parte de sí misma, una parte de la creación, un nuevo mundo. Lo que va a hacer la expondrá, la hará vulnerable. Es un sacrificio infinito. Requiere la fuerza más grande que existe, la fuerza de una madre.

 

Lena vuelve en sí. Annete y Jaina la han sacado de ahí, la puerta ya se había desbloqueado, el proceso se ha completado. El generador funciona y la farola se ha encendido. Se puede ver que la luz de las esferas de dentro del agua conectan con la parte de arriba en un flujo constante. Solo tienen que mantenerlo encendido. El cañón de Igtus está operativo.

Lena se va a incorporar un poco, pero cae de rodillas, vomita sangre. Antes de que la ayuden, se levanta, comienza a andar mientras se limpia con la mano la sangre de su boca.

—¿Veis? No ha sido para tanto.

Annete y Jaina se miran atónitas. No dicen nada. Todas salen a buscar a los demás.

Cuando están saliendo del generador al bosque, lo ven. Una figura está sentada en una roca. Se pueden ver numerosos demonios que lo acompañaban. Ahora que la farola se ha encendido, son de piedra. Se pone de pie, las estaba esperando. Lo reconocen en seguida, nunca olvidarían la cara del ejecutor del paso de Igtus.

Las tres piensan en correr, el ejecutor se adelanta.

—No podréis huir.

—Ya veremos. —Jaina se lanza a por él, mientras le pide a Lena y Annete que huyan. El ejecutor estaba preparado, y Jaina no lo supera. Jaina lucha increíblemente bien, pero su adversario tiene la fuerza de un demonio superior, no lo vencerá. Jaina sufre un corte en la pierna, y con el mango de la espada, el ejecutor le dá un golpe en la cabeza y la derriba, dejándola prácticamente inconsciente en el suelo. Coloca su bota en la cabeza de Jaina.

—No, ¡Por favor!, no es necesario. —El ejecutor estaba esperando esa reacción de Lena, y le tiende la mano.

Annete mira impotente, sin saber qué hacer. Lena se va con el ejecutor, desapareciendo de su vista. Annete va a ver cómo está Jaina, intentando reanimarla.

 

 

Una niña está al borde de un estanque, sentada. Llora. Airo camina hacia ella, preocupado, ansioso por llegar. La ve en la distancia, de espaldas. Cuando está llegando, algo llama su atención. A través de las aguas del estanque al que mira la niña se ven las puertas abiertas, miles de demonios las atraviesan. La niña se da la vuelta, y le mira. Unos ojos llenos de lágrimas, con sentimiento de fracaso, desprenden una luz interior. Esos ojos le piden ayuda, penetran en su ser. Le llega tan hondo que se queda sin respiración.

Airo vuelve en sí, sudando, temblando. Va en busca de su capitán.

—Señor. —Airo saluda con respeto, su capitán no le atiende cuando le llama señor—. Marduk…

—Dime. —Marduk se da la vuelta y sonríe.

—No sé cómo explicarlo, pero cerca de aquí se están llevando a una niña, una portadora… especial. Nos necesita.

Marduk le mira con cara extrañada, Airo se reafirma

—Estoy seguro. —Airo sigue temblando. Marduk nunca le había visto temblar, ni lo más mínimo.

—Entonces, preparémonos, hay que darse prisa. —Marduk empieza a llamar a todo el mundo.

 

Airo despierta, el golpe ha sido grande, le duele todo el cuerpo, y tiene un brazo algo adormecido, pero está bien. Nota como alguien levanta la enorme estatua de piedra que le ha dejado sin sentido. Gerd le tiende la mano. Se levanta. Miran a su alrededor, han estado cerca, pero han sobrevivido, la farola se ha encendido justo a tiempo. Filo está estirando su cuello, sentada encima de la cabeza de piedra de un demonio enorme. La cantidad de estatuas de la zona no es pequeña.

Miran la película de luz sobre su cabeza, Lena lo ha conseguido. Se dirigen hacia allí. Los tres avanzan hacia la farola encendida, en busca del resto. Al rato de caminar, Filo se para, y sin dejar de mirar hacia adelante, avisa con la mano a Airo y a Gerd.

—Mirad…

Airo y Gerd también se dan cuenta. Aunque ya están convertidos en piedra, es evidente que las decenas de cadáveres de demonios que adornan el suelo han sido destrozados antes de convertirse en piedra.

Siguen andando, la cantidad de cuerpos es abrumadora. Al poco rato, vislumbran una figura. Está de pie. Tiene una espada llena de sangre negra en su mano, respira fuerte, como si el esfuerzo hubiese sido enorme. Es Liam.

—¡Liam! —Filo empieza a acercarse— ¿Has hecho tú esto? ¡eres la ostia! —Airo sale corriendo, tira del brazo a Filo, hacia atrás.

—Rápido, ¡vamos! —Empieza a arrastrar a Filo en dirección contraria.

Filo no entiende nada, se intenta zafar de Airo, pero cuando se da la vuelta lo comprende.

La cara de Liam no es la de siempre, sus ojos no son los de siempre, avanza hacia ellos.

Gerd se pone en medio, usando su martillo para parar el golpe de Liam. Es tan brutal que tira a Gerd contra Airo y Filo.

—¡Liam! Somos nosotros, ¿Qué coño haces? —Filo se levanta y esquiva hábilmente un golpe que iba destinado a ella.

Airo se levanta, se defiende. Se nota que Liam está tremendamente agotado. Está en las últimas, y aun así cualquier error sería letal.

—¡Liam! —Todos le llaman. Liam a veces cierra los ojos, intenta resistirse, pero no puede.

Airo para un golpe de Liam, un golpe tan fuerte que le hace caer al suelo. En ese preciso instante, Gerd lo agarra con todas sus fuerzas, intentando retenerle. Lo consigue, unos segundos, luego Liam le lanza varios metros hacia atrás, y se dispone a acabar con Airo.

—¡Se la han llevado! —Jaina aparece con Annete, sin dar crédito a lo que ve, habla casi llorando—. Se han llevado a Lena…

Liam para, la luz de su interior despierta. Si no hubiese nacido con ella, estaría perdido. Liam cierra los ojos, como si estuviese aguantando un dolor inhumano, como si la pelea interna que está teniendo fuese titánica, caen lágrimas de sufrimiento por su cara. Cae de rodillas. Abre los ojos, sus ojos vuelven a ser los de siempre, respira muy fuerte, está agotado, en todos los sentidos.

—Perdonad… Yo… —Liam casi no puede hablar—. Joder… Lo siento, no podía parar.

Liam se pone las manos en la cabeza, está sufriendo. Airo se sienta a su lado, cerca, para que vea que está ahí, para que vea que lo apoya. Todos permanecen callados.

Cuando todo parece haber pasado, Annete pone al resto al corriente de lo sucedido.

Airo se echa las manos a la cabeza.

—¿Hacia dónde fueron?

—No lo sé, se metieron en el bosque, pueden haber ido a cualquier parte. —Annete se queda pensativa—. Si los suelen llevar a una puerta, irán a la más cercana.

—Estamos entre dos, y hay muchas formas de ir. —Filo está tumbada en el suelo, mirando al cielo.

—Hay que volver a Cúpula, hay que preparar el cañón. Queda poco tiempo antes de la Naedra.  —Airo dice lo evidente.

—Puedo ir yo, pasaré por Angelare. El camino es casi todo zona segura con esta nueva farola encendida—. Annete comprueba que lleva todos los papeles necesarios—. Vosotros podéis intentar ir a por Lena, aunque sea casi imposible. Siempre hacemos cosas imposibles, ¿no?

—No sabemos dónde está exactamente. —Airo no quiere abandonar a Lena, así que le cuesta mucho decir esto—. No nos dará tiempo. —Da un puñetazo a un árbol.

—Ella nunca nos abandonaría, aunque sea una causa perdida, voy a ir. —Es la primera vez que Jaina habla desde que llegaron, se está vendando el corte de la pierna—. No pienso volverme sin ella, aunque signifique morir, aunque busque sin encontrarla, voy a ir.

Liam comienza a caminar, hacia el norte, todos lo miran.

—¿A dónde vas? —Filo no lo entiende.

—A por Lena, estamos perdiendo el tiempo. —Liam no se gira para contestar, continúa caminando.

—Primero tendremos que discutir a donde ir, y cómo hacerlo. —Airo tiene la voz más apagada que nunca.

—Yo sé dónde está. —Liam continúa andando, pero se arremanga y levanta el brazo, para que todos contemplen las pequeñas esferas luminosas de su brazo.

Todos corren a acompañar a Liam, excepto Annete, que se vuelve a Angelare.

 

 

Varios sumisos, usados para que la luz de Lena no la sea útil, la llevan por una especie de fortaleza. La fortaleza fue humana en algún momento, ahora es usada por los demonios. Huele a muerte. La encierran en una celda. Ella permanece encogida en una esquina, mirando al suelo. Los hombres charlan entre ellos. Llevan pañuelos que les tapan media cara, para intentar amortiguar el olor exterior. El más bajito pregunta.

—¿Tú eres nuevo no?, ¿Cómo has conseguido ser agraciado tan rápido?

—Más o menos, antes era incursor. —El hombre juega con una daga con suma habilidad—. Ya les hacía favores cuando estaba en la luz.

Se ve que el que pregunta, tiene respeto al otro hombre.

—¿Qué te pasó en la mano? —El hombre mira la mano que tiene completamente entablillada.

—Que uno preguntaba mucho. —Mira de forma fulminante al hombre bajito. Que levanta las manos en señal de perdón y mira hacia la celda. Mira a Lena, ella hace como que no se da cuenta y no le devuelve la mirada.

—¿Y no podemos entretenernos con ella? —Le da con el codo al otro— ¿Tú la has visto?

—Ya escuchaste al ejecutor, si la tocamos nos desuellan vivos.

—Pero dijo que, si intentaba huir, podríamos retenerla. Diremos que ha intentado huir. —Lena no se inmuta en su parte de la celda.

—Prefiero mantener mi piel donde está. Además, han ido a por un carruaje especial para ella, aparecerán en cualquier momento. Si la tocas, no necesitaré dos manos para hacer que dejes de respirar.

—Menudo rollo eres, me voy a mear, ahora vuelvo.

Cuando el hombre bajito se va. El alto empieza a abrir la celda, le cuesta, al hacerlo solo con una mano. Lena se levanta, esperando tener que defenderse, pero el hombre empieza a caminar en sentido contrario.

—Vamos, por aquí, ¡rápido!, no tenemos mucho tiempo.

Lena sale y sigue al hombre. Entran por una especie de sumidero que pasa por debajo de la fortaleza, y sale al monte. El hombre abre la trampilla para que Lena salga, salen los dos. Él se va hacia otro lado.

—¿No vienes?

—No, no podría volver a la luz, aún no. Mi sitio está aquí.

Lena no dice nada, solo asiente y se inclina en forma de agradecimiento. El gesto de Lena estremece al hombre, le da algo de paz. Antes de irse, le dice una última cosa a Lena.

—Lo oí.

—¿El qué? —Lena lo sabe, hace rato que lo había reconocido, pero sabe que el hombre necesita contarlo.

—Cómo lo paraste, cómo me salvaste.

Lena sonríe al hombre que una vez intentó acabar con ella en Tunesia. El hombre tiene tanta vergüenza que no puede mirarla a la cara y se va. Sonríe, por primera vez en su vida, se siente bien.

No quedará mucho para que amanezca, algo menos de una hora. Lena camina sola, intentará llegar a la zona segura más próxima. Ha tenido mucha suerte, así que reza porque el resto estén bien, por verles pronto. Ve un pueblo a lo lejos, a lo mejor puede conseguir un caballo. Tiene que intentarlo.

Cuando va caminando, al borde del camino, ve un carruaje destrozado. Cuatro cadáveres están alrededor, medio devorados. Busca y consigue de uno de ellos algo de ropa, para tapar su aspecto, para tapar su olor. Ve un cuchillo, lo coge. Cuando se ha vestido, empieza a caminar.

Ya debe de quedar poco para llegar al pueblo que vio antes desde arriba. Cuando los árboles le permiten ver, mira hacia atrás. En lo alto se puede ver la fortaleza, con luces saliendo de ella. La están buscando.

Aligera el paso, no sabe cuánto tiempo tiene.

Cuando deben de quedar menos de diez minutos para llegar al pueblo, se para. Escucha un llanto dentro del bosque, de una niña. Lo inteligente sería seguir, hacer oídos sordos, avanzar lo más rápido posible, conseguir un caballo, y huir.

Lena entra en el bosque.

Se acerca al origen del sonido, y ve una niña llorando sentada en un árbol. Se acerca y se sienta a su lado.

—¿Por qué lloras? —La voz de Lena es dulce.

—No aguanto más, quiero irme a la luz, quería irme… —La niña tendrá unos diez años—. y me he escapado, pero no sé dónde ir, tengo frío, tengo miedo.

—¿Vives allí? —Lena señala en la dirección del pueblo

—Sí. —La niña ya no llora. Lena se promete a sí misma que algún día nadie vivirá en la oscuridad.

—Yo voy allí, ¿Vamos juntas? —Lena tiene la capacidad de convencer solo con su sonrisa, la niña no duda, y se van juntas.

 

Cuando llevan poco tiempo caminando, aparecen bastantes lobos en la oscuridad. La niña se asusta mucho y se pone detrás de Lena. Lena parece tranquila, incluso agradecida.

—No temas, no pasará nada. —Lena la da la mano, y caminan en dirección los lobos. La niña duda, pero detrás de ella también hay lobos, aunque no les están haciendo mucho caso. Cuando están llegando, los lobos se apartan, no vienen a por ellas, no morderían la mano que les da de comer. Los lobos avanzan en dirección contraria, para darle tiempo a Lena, el que puedan.

Lena sale al camino y cuando está llegando al pueblo, aparece una mujer, que se dirige directamente a la niña.

—¡Tú! —Coge la mano de la niña, la que sujetaba Lena, apartándola de ella, como si Lena la asustase—. ¡Qué hacías! Llevamos horas buscándote.

Antes de seguir hablando, miran hacia arriba, hacia el camino, se ven luces, se oyen ruidos, gruñidos, pelea. Coge a la niña y sale corriendo al pueblo. No da las gracias a Lena.

Lena va detrás de ellas. Corre camino abajo, entrando en el pueblo. Los demonios no tardarán en llegar. Los sumisos de la zona la ven, pese a intentar ocultar algo su apariencia, saben qué es, saben que vienen a por ella. Todos empiezan a esconderse o a irse.

—¡Ayuda, por favor! —Lena intenta entrar en una casa para ocultarse, le cierran la puerta en las narices, le piden que se vaya. Lena sigue avanzando por el pueblo, las ventanas y puertas se cierran, la gente se va, se ocultan. Nadie la ayuda. Camina por el pueblo, sin encontrar salida a su situación.

Los demonios han llegado.

Al frente de ellos se encuentra un demonio enorme, tan alto como una casa. Tiene una boca en la que cabría una persona entera. Los brazos podrían derribar un árbol de un golpe, mastica un lobo, destrozado, quiere que Lena lo vea. Se lo traga. Lo acompañan decenas de demonios menores. Todos la miran, quietos, esperando el momento perfecto. Desde las ventanas, desde las puertas, los sumisos observan, atentos, el final de esa chica a la que han dado la espalda.

Lena está sola, en medio de la calle, cansada. Cae de rodillas. Piensa en la gente de este pueblo, dándole de lado, llenos de miedo ¿Por qué pelea?, ¿Por qué continúa? Le viene un recuerdo, cuando su madre la cogió, cuando todos la dieron de lado. Pero ella no. Su madre se mantuvo con ella cada minuto, cada segundo. Se ve de nuevo en la celda, escuchando el horror al otro lado, y se acuerda de algo.

Se arrepentirán.

Un sentimiento de ira nace en ella, crece, le da fuerzas. Se levanta, sus ojos están muy abiertos, no tiembla. En el pueblo se ha hecho el silencio, hasta que resuena la voz tranquila de Lena.

—¿Por qué no venís? —Lena se dirige a los demonios, en especial al grande, que se relame. Lena alza más la voz—. ¿Qué pasa?, ¿queréis que tiemble?, ¿queréis verme llorar? Es eso, ¿Verdad? —La gente, detrás de sus puertas, de sus ventanas, no da crédito a lo que están viendo—. El miedo, es lo que os gusta, lo que os alimenta, es como nos controláis. —Lena grita—. ¡Venid! Yo os enseñaré lo que es el miedo.

El demonio grande hace caso a sus provocaciones, y sale a toda velocidad. El suelo tiembla, rompiendo todo a su paso. Va hacia ella, cada vez más rápido, más incontrolable. La va a destrozar, la va a arrollar.

Lena no se mueve.

El demonio está muy cerca, y prepara la embestida. Y a pocos centímetros de Lena, choca. Un muro de luz separa a Lena del demonio. El golpe ha sido tan brutal, que el muro de la casa de al lado cae destrozado, el demonio se ha roto la mayoría de sus huesos, destrozando su cara, su cabeza y un brazo, pero sigue vivo. El muro no se ha inmutado, ni un ápice. Lena lo disipa, se agacha debajo de la cabeza del demonio, y salta. De su brazo sale una lanza de luz, enorme, el arma de un dios. Atraviesa desde abajo la cabeza del demonio con suma facilidad, ensartándolo. Lena se separa, hace algo que ningún portador podría. Suelta la lanza, dejándola ahí con el demonio ensartado, agonizando, para que todos lo vean.

La cantidad de demonios menores que lo acompañaban han parado, van a huir. Lena avanza de forma tranquila, lanzando un haz de luz hacia algunos de ellos. Donde les toca la luz, se convierten en piedra, con parte de su cuerpo de piedra intentan arrastrarse, agonizando. Lena camina entre ellos, con la cabeza bien alta.

Han venido demonios menores de todas partes, pero observan desde la distancia. Tienen miedo. Algunos ya se están yendo. Lena abre de un golpe la puerta de un establo, esta vez no pedirá permiso. Al abrir la puerta, un hombre que estaba mirando desde las sombras corre a una esquina y se agacha, aterrado. Lena no lo mira. Se acerca a un caballo. Los caballos de zona oscura están acostumbrados a los demonios, pero dada la escena de fuera, están asustados. Lena le habla a uno al oído. El caballo se incorpora y la espera. Monta. Cuando está abandonando el establo, se para, mira al hombre, uno de los que le había cerrado la puerta en las narices. Él se agacha y rodea con sus brazos su cabeza, esperando cualquier cosa, esperando su final.

—A quien debéis temer, es a vosotros mismos. —Lena no dice más. El caballo comienza a andar, poco a poco.

Abandona el establo, los demonios a su paso se van apartando. Lena tiene suerte, ya no le queda luz, si la atacasen, no podría defenderse mucho tiempo. Pero ellos no lo saben. Tiemblan, al ver la seguridad de esa portadora que va a caballo. Va al paso, sin miedo, sin prisa, avanzando despacio. Cuando está saliendo de la zona levanta la mano, haciendo retroceder a los demonios más cercanos. Disipa la lanza de luz que mantenía al enorme demonio ensartado. El demonio grande, ya muerto, cae contra el suelo en un gran estruendo, llamando la atención de todos. Lena comienza a trotar, y se va.

 

 

Lena va con el caballo en dirección a la luz de la nueva farola, no está lejos. Desde allí podrá ir a Angelare, a intentar reunirse con el resto. Reza por encontrárselos por el camino, sabe que habrán ido en su busca. Su caballo tiene un sobresalto, y se levanta con sus dos patas delanteras, tirando a Lena hacia atrás.

Lena cae, y cuando se levanta ve al ejecutor del paso de Igtus delante. A lo lejos, en la distancia, vienen bastantes demonios, llamados por su señor.

—No quiero hacerte daño, pero no me vas a dejar otra opción. Ven conmigo.

Lena está cansada, agotada. Revive el sentimiento que tuvo abrazada por la oscuridad, cuando estaba en las termas de Angelare. El pánico se apodera de ella, no podría aguantarlo. Saca el cuchillo y se lo pone en la garganta. El ejecutor ríe.

—No entiendes nada, ¿Verdad? —El ejecutor prepara su caballo, para llevarse a Lena—. Volverás a nacer, siempre lo haces. Te encontraremos. Ya no recuerdo desde cuando te buscamos, pero no tenemos prisa. Cada vez que caes, ellos sufren más, tú te debilitas. Así que haz lo que quieras. La última vez estuvo muy cerca, si no hubiera sido por ese traidor de Odhin… —Se pone al lado de Lena—. Si te suicidas, los humanos no tendrán nada que hacer. Si vienes, quizás Él te conceda algo, quizás los perdone. Esto tiene que acabar.

Lena comienza a entender. Es difícil, está limitada, está retenida, pero poco a poco va entendiendo su situación. Tiene razón, está condenada, su cruzada es casi imposible. Lo más inteligente es buscar el menor precio, es rendirse. Se guarda el cuchillo, y se dispone a irse con él.

El ejecutor levanta una mano con una velocidad enorme, y por un milímetro, salva su ojo. Sujeta una flecha disparada con la máxima precisión y fuerza posible, le ha rozado, ha faltado muy poco. Sin perder un segundo, tira la flecha y saca su arma, se prepara para parar el golpe que va a recibir. Liam ha cargado a una velocidad impensable. El ejecutor pensaba que estaba preparado, pero ha cometido un error. Se ha preparado para recibir el golpe del Liam de antes, el que vio en el paso de Igtus. La fuerza con la que es impactado lo tira varios metros hacia atrás, golpeándolo violentamente contra un árbol y dejando caer la espada. Escupe sangre, le ha dolido. Coge su espada y se recupera.

Ve a Liam, ve al resto. Y lo entiende. Esta vez es diferente, esta vez puede perder. Los demonios que venían desde lejos comienzan a correr, su señor los llama, los necesita.

Lena se sienta en el suelo y cierra los ojos. Se concentra, su esfuerzo va a ser titánico dado su estado. Genera una esfera de luz de pequeño tamaño, lo suficiente para retener a cualquier demonio que intente interferir. Esta vez será al revés, ellos verán desde el otro lado como su señor es exterminado.

El grupo rodea al ejecutor. Piensa en escapar fuera de la esfera, pero el grupo no le deja. Tiene que aguantar, lo suficiente hasta que Lena se agote, no sabe si lo conseguirá. El ejecutor es uno de los guerreros más antiguos y fuertes que pisan estas tierras, así que intenta controlar la situación. Se defenderá, aguantará. Lo intenta. Se centra en parar los golpes de Liam, son los más potentes. Liam espera el momento perfecto, el error. Todos golpean, todos lo intentan. La pelea se alarga. Lena empieza a sufrir, le sale sangre de la boca, pero no se inmuta, no se mueve.

 

Los demonios al otro lado están ansiosos, se arremolinan, quieren entrar. Alguno entra y se convierte en piedra. Lena sin moverse, sin abrir los ojos, amplía la esfera, dando un golpe a muchos de los demonios, destrozándolos, enseñándoles quien manda.

Jaina no está en plenas condiciones, es la que menos participa. En un intento, el ejecutor la golpea, tirándola al suelo, cerca de él, cerca de donde casi le atraviesa un ojo con su flecha.

Ahí es donde el ejecutor comete un terrible error.

Su atención es para Liam, para su enemigo más temible. No presta la suficiente atención al resto, no presta atención a Jaina. Jaina ha cogido la flecha del suelo, y con su propia mano, con una ira, rapidez, y fuerza enorme, atraviesa el ojo del ejecutor.

Él grita, salta hacia atrás, pero no se rinde, continúa. El grupo aprovecha, el enemigo es terriblemente duro, pero es su oportunidad. Todos atacan. Gerd consigue golpearle en el pecho, lanzándolo hacia atrás, hacia Filo. Como si no le costase esfuerzo, Filo hace un movimiento casi imperceptible, y el ejecutor cae de rodillas. Su cuello comienza a sangrar.

Lena se levanta y, sin disipar la esfera, camina hacia él. Los ojos del ejecutor comienzan a recuperar su color original, se empieza a liberar. Lena le toca la cara, lo mira con pena, con empatía, deseando que se libere de la enorme carga que ha soportado tanto tiempo. Él coge la mano de ella, agradeciendo su liberación. Casi no puede hablar, se ahoga con su propia sangre, pero intenta decir algo, solo perceptible por Lena.

—Acaba con nuestro sufrimiento.

Y cae, muerto. El ejecutor ha sido ejecutado. Todos los demonios lo han visto. Dejan de gruñir, dejan de intentar entrar. Se van, aterrorizados. Su señor ha muerto.

Lena va a caer al suelo agotada, pero Liam la sujeta, la abraza, muy fuerte. Liam está temblando. Tiembla mucho, es la forma que tiene de dejar salir al miedo que ha retenido. El miedo por no volverla a ver.

Están agotados, pero no descansarán. Parten hacia Angelare. Cuando entran en la luz de la farola del generador, respiran aliviados, aunque les recorre un sentimiento de que lo peor, está por llegar.

 

 

 

próximo Publicación

Atrás Publicación

Dejar una contestacion

© 2019 Mi cajón de cosas