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Miguel Ángel Lucas

Hijos de la luz – Capítulo 4

 

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HIJOS DE LA LUZ – CAPÍTULO 4

Miguel Ángel Lucas

 

Jaina se despierta. Es muy pronto, pero ya ha descansado suficiente. Sale a dar una vuelta, a despejarse. Ve a Filo, vestida como al principio. Con su aspecto original, como si fuese una persona completamente diferente a la de anoche.

—¿Te vas? —Jaina no necesita más pistas para saber lo que va a pasar.

—Sí, tengo que hacerlo.

Jaina no lo entiende, pero no quiere preguntar motivos.

—No, no tienes que hacerlo. —Se cruza de brazos, su cara muestra algo de disgusto—. No tienes que hacerlo.

— No te pongas sentimental. —Le guiña el ojo—. Pienso volver, os veo en Angelare.

Jaina no contesta, solo ve como Filo se va andando, mientras se despide de ella con la mano hacia arriba sin darse la vuelta.

 

 

Tienes que despertar

—¡Solo te quedaba un rival! —Acaba de anochecer. Están en la puerta de la casa, una casa muy apartada, en el bosque. El hombre empuja al chico, de unos doce años, hacia atrás. Liam cae al suelo, sentado.

—¡Por qué nunca ganas! —Son típicos los encuentros clandestinos de combate, se explota a todo tipo de seres, incluso niños, se mueve mucho dinero. Liam había tenido un encuentro con otro unos años mayor que él, más grande, más experimentado.

Liam intenta hablar. Le cuesta ver, tiene un ojo tan hinchado que apenas puede. Le cuesta hablar, tiene la boca partida, y las numerosas heridas que tiene, ya en frío, le duelen mucho.

—No… no lo sé —El niño no sabe explicarlo, nunca ha sabido.

—Me estafaron, me dijeron que tendrías el poder de un demonio. —El hombre se da la vuelta—. Eres un fracasado, no vales nada, no vales la comida que te doy. Vete, no te quiero ver, nunca más. —Entra y cierra la puerta, con llave.

Liam permanece sentado en el suelo, como un perro abandonado, esperando a que la puerta se abra de nuevo, no sabe a dónde ir, no sabe qué hacer. Y así, sentado y dolorido, pasa toda la noche.

 

 

Liam despierta. Ha dormido mal, un sentimiento agrio le ha acompañado toda la noche por haber huido de Lena. Se convence de que es lo mejor. Mira su brazo, ya queda poco para liberarse, para acabar con un sentimiento que le hace sufrir más que cualquier dolor físico.

Se prepara, van a salir pronto hacia Angelare, fuera puede oír cómo se está preparando la partida. Sale de su habitación. Al salir, ve a Lena, hablando con Jaina, que está apoyada en la pared. Lena habla con la cabeza gacha. Las dos lo miran.

—Buenos días —Ambas saludan a la vez. Jaina mira a Liam, Lena no.

—Buenos días —Liam agacha la cabeza y se va en dirección contraria, a buscar algo de desayunar.

—Deja de atormentarte. —Jaina y Lena llevan un rato hablando de ello. Desde pequeñas, Jaina y Lena se han contado todo, o casi todo.

—No lo entiendo. —Lena mira el candado que sujeta en su mano. El candado que Liam abrió para salvar su vida. Lo guardó para recordar—. Ese día, lo sentí a través de la puerta… ¿Sabes? No lo puedo explicar, pero lo que hizo… —Lena guarda el candado—. Y ahora, parece que me odia.

—No te odia. —Jaina siempre tiene palabras para Lena—. Todos estamos agotados, estamos pasando por mucho, será su forma de superarlo, ya se le pasará.

Por una vez, Jaina no ha convencido a Lena. Suena una puerta. Una chica, con vestido de fiesta, sale de la habitación de Ethan. Al ver que la miran, saluda cortésmente y se va medio corriendo. A los segundos, sale Ethan, despeinado y sin camiseta. Al ver que están ahí Lena y Jaina se sorprende, se avergüenza. Saluda y entra de nuevo en la habitación.

—¡Date prisa Ethan, salimos en veinte minutos! —Jaina grita, sin despegarse de la pared. Lena nota el gesto de enfado de Jaina. Se ríe un poco. Al verla reír, Jaina se tranquiliza un poco.

—Es que es idiota, —Las dos se empiezan a ir—, idiota perdido.

ANGELARE

Reabastecidos, y algo descansados, los hijos de la luz continúan su viaje. Se ha destinado parte del ejército de Tunesia a acompañarlos. En todas las peregrinaciones la guardia personal de los portadores, al completo, los acompaña, para seguridad y logística. Esta vez, dado los cambios de planes, no fue así. Ahora son soldados de Tunesia los que hacen esta labor.

Todos hablan de la evacuación de Ursia, que ya ha comenzado. Quedan pocos días para que las farolas no cargadas se agoten y no se ha perdido el tiempo.

A su paso por los pueblos de camino a Angelare la gente sale a recibirlos. La peregrinación empieza a parecerse a la de otros años. Pero dada la situación y estado actual del fruto, se hace todo deprisa, sin perder el tiempo en cualquier cosa que no sea necesaria.

Avanzan cómodamente, por fin llegan a Angelare.

Pese a la cercanía de Angelare y Tunesia, son regiones muy diferentes. Angelare es muy teocrática. El dirigente es un sacerdote de la luz llamado Nathiel. Es responsable tanto de la política de la zona como de los portadores. Es la única región donde una persona sustenta dos cargos así. Angelare es una ciudad muy bonita, mezcla perfectamente la naturaleza con edificios voluminosos, casi todos blancos y altos. La ciudad también es famosa por poseer las termas de la luz. No se sabe el motivo exacto, pero las termas de Angelare deben de tener influencia de la luz por algún motivo geológico, como si esa energía que protege a los humanos traspasase el suelo y se moviese levemente por las aguas, iluminándolas, creando un efecto precioso. Según muchos tienen la capacidad de sanar, pero no está probado. Al lado de las termas se construyó un palacio destinado a los portadores de la luz, no de forma exclusiva, ya que se admiten visitantes, que suelen ser de alta cuna.

Lena lo conoce, ya ha estado ahí varias veces. Las termas la ayudan a restaurarse, de una forma superior al descanso, como si le ayudasen a recuperar su luz. Ahora que se ha quedado sin luz, está deseando ir.

Angelare sí ha sido decorado. Es una ciudad tan volcada con la luz y los portadores, que antes de saber nada, antes del cambio de planes, ya se habían iniciado los preparativos. El séquito que escolta a la portadora entra por el sur a la ciudad. Ya desde la entrada se ve una calle enorme y muy larga que sube en cuesta hasta el palacio, bastante en la distancia. La vista que ofrece el palacio al final en las alturas es impresionante. Lo bello de Angelare y la multitud de gente en las calles hace que la entrada sea abrumadora. Como gladiadores en el coliseo el sonido de la gente es impactante, no se oye otra cosa. Flores y confeti llenan el aire. La hija de la luz va a caballo, y a veces tiene que pararse por bloqueos de personas que quieren saludarla. Los soldados que intentan controlar la situación no tienen la empatía y la experiencia de la guardia personal de Lena, y generan algún enfrentamiento.

Todos avanzan hacia palacio, despacio, disfrutando el momento. Ethan va delante de Lena, con Airo, saludando con la cabeza levantada. Airo no saluda.

—Como os gustan estas cosas. —Airo es de otra generación, y dada la experiencia que tiene, no da importancia a muchas cosas.

—No seas estirado. —Ethan sigue sonriendo a la gente, hablando mal por no querer quitar la sonrisa de su cara—. Mira, te adoran, déjate querer.

Airo se ríe. Saluda un poco.

 

 

La planificación del día ha sido dispuesta, todo está preparado. Cada invitado de honor tiene un asistente personal para servirle, indicarle todos los horarios y localizaciones, o cualquier otra necesidad.

Una vez se han instalado, lo que se ha programado primero es que Lena vaya a ver a Nathiel, el sacerdote máximo. Con la ausencia de Marduk, serán Airo y Ethan los que acompañarán a Lena. Airo es el primero en llegar, Nathiel estaba esperando, sentado en un banco. Se levanta.

—Hola Airo. —Nathiel los recibe mucho más humildemente que Ridas. Es un sacerdote bastante mayor. Algunos dicen que portó la luz de pequeño, pero que la escondió tanto para no ser capturado, que la luz lo abandonó—. Es una sorpresa muy agradable verte aquí.

—Hola Nathiel, me agrada verte. —Ambos se saludan afectuosamente.

Tienen unas palabras, al poco se une Ethan. Lena no acaba de aparecer.

—Es raro, Lena no suele tardar… —Ethan piensa que debería ir a por ella, y dado todo lo que ha pasado últimamente, se pone nervioso.

—Tranquilo, déjala, me imagino dónde estará. —Nathiel ríe levemente—. Pasad a la sala conmigo, tomemos algo, dejémosla descansar.

 

 

Lena está con la cabeza apoyada en una piedra, y el cuerpo totalmente sumergido. El vapor del agua hace difícil ver las termas al completo, pero Jaina y ella pueden percibir que están solas.  Han cerrado las termas, solo para ellas.

—Madre mía. —Lena no abre los ojos. Se la ve en una relajación máxima. Jaina está su lado, no encuentra una postura que la haga sentirse cómoda.

Jaina sigue buscando como colocarse, le da envidia lo bien que parece estar Lena.

—No me malinterpretes, esto de estar a remojo en aguas que sirven para cocinar está bien, pero… —Jaina se levanta, y se sale del agua.

—Shhhhh. —Lena sigue con los ojos cerrados—. Quiero vivir aquí. —Abre los ojos, se incorpora un poco y mira a Jaina—. ¿Y si vivimos aquí? Me podría venir todos los días.

Jaina ríe, y comienza a vestirse.

—Quédate un poco más si quieres, te espero fuera.

—Como desees. —Lena no piensa salir, vuelve a tumbarse y a cerrar los ojos.

No hay nadie, deja flotar su cuerpo. La luz la traspasa. Una sensación de tranquilidad indescriptible la llena, conecta con algo, conecta con ella misma, con su origen. De repente, abre los ojos. Sigue flotando, pero no hay agua. El espacio es negro, el vacío es absoluto. Lena se asusta y se levanta, está sin ropa, pero eso no le preocupa. Se pregunta dónde está. Entonces comienza a oírlo, como un susurro, como una voz lejana que se va acercando trasportada por el viento, le dice algo, algo ininteligible. Se siente rodeada por la oscuridad, no hay luz, no hay nada en la distancia, no hay palacio blanco. Lena se queda quieta, el sonido cada vez es más perturbador, está más cerca, hasta que lo entiende.

Te encontraré, hermana

Como un recuerdo oculto, como algo de otra vida, a Lena le recorre un escalofrío, un recuerdo. Un recuerdo de miedo absoluto, de terror, de pánico. Grita.

 

Lena abre los ojos, vuelve a estar en las termas, sola, el silencio es perturbador. Se levanta y se viste.

 

 

Nathiel recibe a Lena con un afectuoso abrazo.

—Sé que no ha sido fácil. —Nathiel empieza a caminar con ella—. No te mentiré, lo he pasado mal. He rezado cada día para que llegases aquí. —Nathiel intenta no mencionar a Marduk en ningún momento, también rezó por él.

—Nathiel, tú conociste a mis padres, ¿Te puedo preguntar algo? —Lena tiene cara pensativa.

—Lo que quieras.

—¿Yo tenía un hermano? —Lena camina mirando al suelo.

Nathiel se para, no comprende la pregunta.

—No, que yo sepa. —Nathiel ve la cara de preocupación en Lena— ¿Pasa algo?

—No, nada. —Lena vuelve a sonreír—. Tengo ganas de oírte hablar hoy, siempre me ha gustado escucharte en el acto de preparación.

Nathiel ríe.

—Como te gusta hacer cumplidos.

Ambos hablan del acto, y se separan, necesitan prepararse. Lena se va pensativa, empieza a comprender que muchos recuerdos y sensaciones que tiene, son de antes de nacer en este mundo.

 

 

Las fiestas en Angelare son increíbles. La ambientación por la calle y la decoración hace que la gente se sienta totalmente inmersa en un acto de celebración, de felicidad. Bailes, torneos, juegos y otros eventos colman las calles de Angelare, cerradas al paso de caballos y carruajes para hacer disfrutar más a los ciudadanos.

Lena permanece preparando el acto. Liam aprovecha para salir un poco y no estar en palacio, se permite separar el fruto de Lena un rato. Annete se va con él. Tiene un material que está estudiando muy deteriorado y necesita ciertos componentes para poder separar las páginas. Entran en una tienda.

—¿Y qué buscamos? —Liam pasea por la tienda, sin entender casi nada de lo que ve.

—Es un ácido de… Bueno, tú déjame a mí, ahora vuelvo. —Annete tarda unos minutos en hacer sus compras, Liam sale a la calle a esperar.  Annete se une al poco.

—Ya está. —Annete se guarda el frasco y se dirige a Liam, en tono más bajo, como si le fuese a contar algo preocupante—. Hay algo que me está comiendo por dentro.

Liam la mira, callado, sopesando si es mejor que le dé pie a hablar, o no.

—Está bien, te lo cuento. —Annete ha tomado la decisión por él—. He estado estudiando parte del material, prefiero no decírselo a nadie, no hasta mañana, cuando la farola esté cargada.

—Pero, ¿Qué pasa? —Dada la cara de preocupación de Annete, Liam se ha atrevido a darle pie.

—Donde estuvimos parece una creación, nuestra…

—¿Nuestra?

—Humana, quiero decir, de antes de que llegasen los demonios. Tengo mil preguntas sin respuesta, pero estoy segura de algunas cosas. Esas estructuras son humanas y el túnel no es un túnel, es una especie de arma. Un arma muy potente. —Liam escucha atento, preocupado. Annete anda con él, mientras le sigue contando—. Tengo que asegurarme, gracias a esto, — Señala el frasco que ha comprado—, lo haré esta noche. Pero creo que he encontrado una referencia a un edificio, una especie de laboratorio cerca de aquí, en zona oscura, a unas horas del borde.

—¿Un laboratorio?, ¿de qué? —Liam se ha parado, apartándose a una zona donde no hay gente.

—De luz, o eso creo. Y creo que habrá un fruto ahí, si lo hay…

—Lena podría encender Ursia… —Liam parece preocupado, por una parte, esta información era lo último que necesitaba oír.

—Eso es, pero tengo que asegurarme, no le digas nada a nadie, por favor.

Ambos continúan andando un rato, pensativos, en silencio.

 

 

Filo avanza sigilosa, ha pasado demasiado tiempo en la luz, tardará en quitarse ese olor. Encuentra un grupo de trabajadores en el camino, se une a ellos, así pasará desapercibida. Vuelven a Olmena, un pueblo sumiso al norte de Angelare. El pueblo de Filo. Alguno la reconoce.

—¡Filo! —Un hombre con aspecto muy cansado la saluda—. Dichosos los ojos, pensábamos que habías huido a la luz.

—He ido de compras.

El hombre lo entiende, y no le recrimina.

Algunos demonios mayores aparecen en el camino, se están acercando. Todos paran. El hombre entrega a Filo una bolsa llena de carbón, ella se la echa a la espalda.

Uno de los demonios se adelanta, observando, y pasa cerca de ellos.

—Tú y tú. —Señala a dos personas—. Dejad las bolsas en ese carro, luego podéis iros.

Cuando todos están en movimiento el demonio ordena parar de nuevo, se acerca a Filo.

—Hueles a luz. —El demonio se acerca amenazante, acercándose mucho a la cara de Filo, ella no se inmuta.

—Sí. —Contesta tranquila—. Estaba cazando, cuando vi una explosión de luz enorme. —Se refiere a la explosión de Lena, a la salida del túnel, la nueva esfera se ha creado cerca de aquí—. Me pilló de lleno… —Hace como que se huele a sí misma—. Espero que se pase pronto.

—Continuad. — El demonio se da por satisfecho y les deja seguir.

Al poco de avanzar el hombre habla en voz baja a Filo.

—Están mucho más controladores desde esa explosión de luz. Esto se ha llenado de demonios. La nueva esfera está cerca, y creo que temen que huyamos ahí.

Llegan a Olmena, a la entrada, hay doce postes con personas colgadas, la mayoría muertas, algunas aún no. Cuando pasan a su lado, los moribundos los llaman, les piden clemencia. Nadie dice nada, ni siquiera los miran, temen las consecuencias de ayudar a alguien que ha intentado huir a la luz. Son una advertencia.

Una chica del grupo se acerca a Filo. Filo es muy respetada en Olmena, saben que va y vuelve a zona protegida cuando quiere, muy pocos pueden conseguir pasar desapercibidos como ella.

—¿Murieron muchos de ellos en la explosión? —Nadie le pregunta por qué no se queda en la luz, por qué vuelve. Todos saben esa respuesta.

—Muchos, muchísimos. —Filo sonríe a la chica, dándole, aunque sea por un momento, algo de felicidad.

Se separan, Filo sale corriendo hacia una casa algo destartalada, cerca de un arroyo. Una mujer mayor está lavando ropa. La ve.

—¡Filo! —Se acerca, la abraza—. ¿Lo tienes?

Filo saca el pequeño frasco, guardado a buen recaudo.

—¿Dudabas? —Filo se vuelve a guardar el frasco—. ¿Cómo está? —Filo tiene ganas de entrar a la casa, pero prefiere informarse bien.

—Bueno, no muy bien… —La mujer separa a Filo algo de la casa, para poder hablar de forma más privada—. Hubo una explosión de luz muy cercana, casi muere, lo pasó muy mal. Luego volvió a estar como siempre, aunque la infección ha avanzado.

Filo asiente, y despacio, entra a la casa, que está bastante a oscuras. Cuando está llegando, se escucha una voz.

—Te he echado de menos. —Una chica de unos quince años se incorpora un poco en la cama, ojos rojos y la piel negra muestran una infección muy avanzada.

Filo busca un asiento, y se pone al lado de la cama donde yace su hermana.

—Y yo a ti. —Filo la observa, la infección ha avanzado. Cuando una infección arraiga de verdad ya no es superable, la esencia de demonio se hace superior a la humana, la luz de los portadores te daña, y continúa hasta convertirte completamente en demonio. La medicina que trae Filo es lo único que evita que el proceso se complete

— Toma, bébetelo todo. —Le entrega el frasco. Su hermana pequeña hace caso inmediato. Al terminar, se dirige a Filo.

—Cuéntame cosas, ¿Qué has visto? —Sus ojos se abren, las historias de Filo le fascinan.

—No sé ni por dónde empezar, ¿Sabes? —Filo se pone cómoda— Me he puesto un vestido.

— ¡¿Un vestido?! —La hermana no da crédito.

—Sí, y vi uno que te quedaría genial, cuando estés curada, te llevaré ahí. —Filo sabe que miente, se miente más a sí misma que a su hermana.

—Tendrías que estar guapísima. —La hermana intenta imaginarse a Filo así.

—Qué va, ridícula.

Las hermanas hablan. Filo parece feliz, pero aguanta las lágrimas que mostrarían sus verdaderos sentimientos. Se siente mal, ha sido feliz, ha estado en la luz, su hermana no podrá.

 

 

El acto de preparación comienza. La plaza de Angelare que da a la farola es mucho más grande que la de Tunesia. Nathiel habla, dando las gracias a los hijos del a luz, a la gente, y alabando el comportamiento de los ciudadanos de Ursia, obligados a abandonar su hogar. Es un gran orador y todos permanecen muy atentos, absortos por sus palabras. Después de lo dicho, Lena habla poco, un discurso corto, diferente al de Tunesia, pero suficiente.

Como la otra vez, se junta con Liam. Lena duda si cogerle del brazo, así que caminan juntos, pero separados. Ella de forma casi instintiva, sin quererlo, le acerca su brazo. Él se deja, y caminan cogidos otra vez. Lena va muy nerviosa, no habla.

Llegan al cilindro. El sacerdote abre la puerta. Lena ayuda a Liam, y proceden a la carga. Esta vez, todo el fruto que quedaba es consumido. Unas lágrimas caen de los ojos de Liam. El sacerdote lo mira, entiende que el dolor que ha soportado en la carga es grande. Pero ningún dolor físico haría llorar a Liam, tiene otro motivo. Antes de que Lena le vea, se seca las lágrimas y recupera la compostura. Las esferas son recogidas por los sacerdotes. Liam se mira el brazo, pequeños puntos donde estaban las esferas aún siguen ahí, como pequeñas cicatrices.

—Desaparecerán, no te preocupes. —Lena sonríe, con los ojos cerrados—. Ya está, me alegro que ya no tengas que llevar esta carga. —Ella mira hacia otro lado, intenta bromear—. Ya no te puedo obligar a estar a mi lado. —La broma es una desesperada forma de buscar una respuesta.

Liam solo sonríe, no contesta. Como la otra vez, Lena le da las esferas.

 

La farola de Angelare ha sido cargada, pero ya no queda fruto para cargar Ursia, como había sido previsto.

 

 

Annete está volviendo a palacio, hoy no disfrutará de la fiesta, tiene trabajo por delante. Cuando está andando, alguien la llama. Annete se gira, ve a Gabriel con algunos de sus hombres.

—Gabriel, ¿Qué haces aquí? —Annete sujeta papeles caóticamente, alguno parece que se le va a caer.

—Unirnos a la celebración. Te veo preocupada, ¿Pasa algo? —Annete se queda pensativa por un momento, después de todo lo sucedido es muy recelosa de dar ninguna información a nadie, pero Gabriel ha demostrado con creces su fidelidad.

—Si te lo cuento, te chafo la fiesta.

Gabriel se va con Annete, esta noche trabajarán ellos, dejarán a los demás descansar.

 

 

Esta vez las fiestas están preparadas, el banquete es enorme y se realiza en el exterior, en la plaza de la farola. Todo el pueblo celebra la carga de la farola, la continuidad de la luz sobre la oscuridad, al menos por ahora. La música comienza a sonar.

Por fin todo parece normal.

Airo habla con Ethan, mientras toman algo.

—Una lástima lo de Ursia. Bueno, creo que disfrutaré de esta noche y mañana volveré a Cúpula, con mi familia. —Airo coge otra copa—. ¿Vosotros que haréis?

—Estamos esperando instrucciones desde Cúpula, pero entiendo que volveremos. No sé cuál será el siguiente paso, vamos a perder Ursia. A lo mejor quieren recuperarla, espero que no quieran que Lena se involucre, ha pasado ya por demasiado. —Ethan mira su distintivo, de capitán de la guardia de la hija de la luz, el que portaba Marduk. Ahora suyo. Piensa en Marduk y Airo lo nota.

—Creo que era el único hombre contra el que me daría miedo enfrentarme, más que contra Gerd.

—¿Perdona? —Ethan se señala a sí mismo. Airo ríe, y le cuenta algo.

—Teníamos una cueva… —Airo se pone pensativo, intentando recordar bien lo que le va a contar—. Ahí nos reuníamos, nos ocultábamos. Los pocos que formábamos la milicia. Cuando decidimos crear la milicia, sabíamos que sería inútil, ¿Qué conseguiríamos nosotros? Marduk lo tenía claro, quería que nuestro sacrificio sirviera de inspiración, que todo humano se levantase, luchase. No sé cómo lo hizo, pero me convenció. —Airo siente el peso de antiguos recuerdos, y se sienta—. He visto a Marduk en situaciones donde cualquiera se cuestionaría todo, donde cualquiera dudaría. Él no, por eso continué, por eso continuamos todos. Chaval, no todo es fuerza, no todo es habilidad.

Ethan se queda pensativo y se bebe su copa de un trago.

 

 

Jaina está hablando con alguien, y ve al fondo a Lena, apoyada en una barandilla. Es raro que la gente la haya dejado tranquila. La mira, Lena está muy decaída, lleva tiempo que no transmite la alegría a la que Jaina está acostumbrada, y eso la está atormentando. Sin querer, algo le vuelve a la mente a Jaina, algo que se prometió no recordar.

 

Jaina permanece sentada, sujeta un oso de peluche, manchado de sangre. A sus nueve años es casi adulta, ya es bastante fuerte, bastante hábil, al menos físicamente. Pero lo que la está destrozando, lo que ha acabado con ella, no es físico. Sentados en ambas sillas, están sus padres, ya muertos. No tienen lengua, así no podrían hablar. Les cortaron todos los tendones, así no podrían moverse. Y a ella la obligaron a verlo, a quedarse ahí, mientras morían, para que creciese con el mensaje grabado en lo más profundo de su ser, la traición no era tolerada. No habla, casi no respira, solo permanece sentada, en shock. Se oye ruido fuera, una batalla enorme, para ella ya han llegado tarde. El ejército ha tomado la ciudad, la farola de Ursia pronto será encendida, los demonios huyen.

La puerta se abre, como atraída por el dolor de Jaina, entra una niña más pequeña. No tendrá ni ocho años. Porta un bastón de luz, que se apaga. Se sienta detrás de Jaina, espera tranquila. Al rato, la llama, le toca el hombro, obligando a que la niña deje de ver lo que la está destruyendo, ese horror infinito. Ella se da la vuelta y ataca a la niña. La niña esquiva, corre, siempre intentando que Jaina no vuelva a mirar ese espectáculo grotesco, nunca más. Pese a eso la niña no huye, se queda con ella. Cuando Jaina está agotada, se sienta a su lado.

—Soy Lena.

Jaina no contesta, Lena le tiende la mano, animando a Jaina a seguirla.

—No será fácil, pero el dolor pasará, te lo prometo. —La voz de Lena transmite seguridad, como un faro en la oscuridad.

Las dos niñas salen, ya nunca más se separarían.

 

Jaina sigue mirando a Lena, deja con la palabra en la boca a quien le está hablando y va a por ella. La coge del brazo.

—Vamos a intentar disfrutar de la fiesta. —Jaina tira del brazo de Lena, Lena se deja, sin rechistar, sigue con tono triste—. A veces pareces tonta. —Jaina lo dice algo enfadada.

Lena se para.

—¿Perdona? —Se zafa de Jaina y se cruza de brazos.

—Mira a tu alrededor, ¿Sabes qué celebran todos? —Jaina empieza a señalar a la gente que está riendo, bailando, disfrutando—. La vida. ¿Sabes dónde estarían sin ti? —Jaina suaviza el tono—. Sé por lo que has pasado, lo entiendo, de verdad. —Lena ya no está de brazos cruzados—. Pero yo también sé algo sobre el dolor. Cuando todo parecía negro, cuando no parecía haber salida… —Jaina no suele hablar de ella misma, así que le cuesta— Tú me salvaste… —Jaina la coge de la mano—. Y ahora no sé qué hacer, no sé cómo ayudarte.

Jaina es una mujer dura y muy fuerte, pero le tiembla la voz.

—Perdona Jaina. —Lena coge sus dos manos—. Tienes razón. No sé dónde estaría sin ti. —Lena sonríe.

Mientras, un enorme baile en el centro de la plaza ha comenzado. Jaina entra con ella, y bailan. A Jaina no le gusta bailar, pero sabe que a Lena le apasiona y lo hace por ella. Por un momento, olvidan el dolor, olvidan la oscuridad, ríen. El baile se anima, la gente cambia de parejas. Jaina se zafa del baile. Cuando está en el borde de la plaza, viendo a los demás bailar, Liam se pone a su lado.

—Bailas fatal. —Liam está de brazos cruzados.

—Lo sé, ¿y tú? —Jaina extiende la mano animándole a que entre al baile con la gente. Liam niega con la cabeza.

—Yo, peor que tú… —Antes de acabar la frase, Jaina le ha empujado hacia dentro.

Liam se deja llevar, y sin darse cuenta, acaba enfrente de Lena. Los dos se paran, no saben qué hacer. Lena se atreve y le agarra. Liam se bloquea, así que se deja llevar. Bailan. Rodeados de mucha gente, pero solos. Bailan. Y mientras, Liam observa a Lena, lo bien que se mueve, como un ángel en perfecta armonía con el entorno, lo perfecta que es. Se da cuenta de lo mucho que la ama, tanto, que le duele. Antes la observaba en la distancia, ahora no, y desde que se han hecho cercanos, ella no ha hecho más que sufrir. Siempre la ha fallado, el día que se la llevaron el azar hizo que cayese delante de la puerta, pero si no, también habría fallado. Siempre falla. Por su culpa no volverá a ver a Marduk. Casi la matan en Tunesia cuando se quedó con ella. Es indigno. Solo quiere que sea feliz, daría su vida sin dudarlo, ahora mismo, para que fuese feliz siempre. El sentimiento que lo recorre es tan fuerte, tan intenso, que duele, duele mucho. No puede aguantarlo, ya tomó esta decisión hace tiempo. Suelta a Lena y se va. Lena intenta alcanzarlo, pero entre la muchedumbre bailando le cuesta avanzar, hasta que lo pierde.

Lena se queda en el medio, mientras todos bailan a su alrededor, quieta, triste, sola.

 

 

 

Lena se despierta, cuando lo hace ve en su mesilla una bolsa, llena de esferas de metal del fruto apagado, las que ella le dio a Liam. A su lado, una nota. La lee.

El resto del grupo está desayunando, solo faltan Lena y Jaina, que siguen en su habitación, y Liam, no saben nada de él. Están discutiendo los siguientes pasos para volver a Cúpula. Annete se dispone a contarles sus descubrimientos, sabe que eso traerá consecuencias, pero es muy importante, no puede callarse. Abre la boca, pero antes de emitir ningún ruido, se escucha a Lena de fondo, bajando por las escaleras.

—¡¡Este chico es imbécil!! —Lena aparece, descalza, en pijama, sin estar aún arreglada, andando muy enfadada—. ¡¡Imbécil del todo!! —Sujeta un papel en la mano. Pasa sin saludar, directa a la salida. Jaina va detrás. Todos miran a Jaina, buscando una explicación. Jaina solo se encoge de hombros. Lena sale por la puerta, farfullando cosas mientras anda. Airo se levanta. Todos la siguen.

Baja hacia abajo, hacia la plaza, sin soldados. La gente se queda boquiabierta al verla pasar, descalza, en pijama. Lleva tal cara de furia que nadie se atreve a pararla, la dejan continuar. Todos murmuran.

En el borde de la plaza hay una caravana que se está preparando para salir. Se puede ver a Liam recogiendo su bolsa mientras un trabajador de la caravana, subido en un carro, le está intentando devolver el cambio.

Lena se acerca a él, cuando Liam se da la vuelta, la cara le cambia, una cara de susto y miedo enorme. Lena levanta la nota, se la enseña. El resto del grupo prefiere quedarse atrás, a una distancia prudencial. El bofetón se escucha hasta en Tunesia.

—¡¡Qué mierda es esto!! —El grito de Lena hace que mucha gente se pare, a mirar qué ocurre—. Pensaba que eras alguien valiente, pero eres un cobarde.

Liam está paralizado, no sabe qué contestar, no dice nada. Lena continúa

—¡Dime la verdad! —Abre la nota, comienza a leer fragmentos.

—No estoy a la altura… —Lena sigue enfadadísima, lee otro fragmento—. Tengo la culpa… —Lee el final de la nota. Según lee el enfado se acrecienta—. Te deseo lo mejor… —Hace una bola con la nota, con rabia, y se la tira a la cara a Liam, le da en toda la frente. Liam sigue sin contestar, realmente no sabe qué decir, así que Lena continúa—. ¡¿De qué tienes la culpa?! Yo te lo diré. —Lena tiene los puños cerrados, como si fuese a explotar de rabia en algún momento—. Tienes la culpa de que me levante por las mañanas. Tienes la culpa de que sonría. —Lena baja el tono, mira al suelo, como si dijese algo que le da mucha vergüenza—. Tienes la culpa de que no me haya rendido. —Lena vuelve a mirarle a los ojos, los tiene llorosos— ¿Es que no lo entiendes? —La voz de Lena empieza a temblar, no puede evitarlo—. Estoy enamorada de ti, desde siempre. —Liam de repente se acordó de la niña que le salvó, cuando tenía cinco años—. ¿Qué no estás a la altura? —Lena ya llora de forma evidente, pero no se calla—. La única forma que tienes de no estar a la altura es haciendo esto, es yéndote de mi lado. —Se seca las lágrimas con sus manos, el enfado vuelve—. Así que, ¡Dime la verdad! No seas cobarde. Dime que me odias, que no me aguantas. —Lena para, como si lo que estuviese diciendo la estuviera destrozando por dentro—. Dime que no me quieres y me iré, te lo prometo. Lo entenderé, lo aceptaré. —La voz de Lena ha cambiado, como si estuviese desanimada, como si se hubiese quedado sin fuerzas—. Pero déjate de excusas.

La plaza se ha quedado callada. El trabajador de la caravana está con el brazo extendido, aún no le ha devuelto a Liam el cambio, no sabe qué hacer.

Liam mira a Lena y entonces lo comprende. Siempre había pensado que ella estaba a su lado por el fruto. Se equivocaba. Siempre había pensado que la fallaba, pero fallar es no intentarlo. Siempre había pensado que cuando le pasaba algo bueno, no era real. Llevaba tanto tiempo en un pozo de oscuridad, que no se había dado cuenta de que le habían tendido la mano. El grupo, Lena en especial, le había sacado del pozo, y él no lo sabía.

A veces los peores monstruos, los peores demonios, son los de uno mismo. Por fin lo entiende.

Así que se arma de valor. Liam podría estar enfrentándose a la muerte y le daría igual. Pero ahora tiembla, suda. Necesita un enorme valor para lo que va a hacer, más que nunca.

Y la besa.

Al poco, la plaza estalla en aplausos y vítores. Se escuchan voces, gente indicando la suerte de Liam, otros que va a haber boda, todo tipo de cuchicheos. Jaina tiene la mano en la cara, siente vergüenza ajena. Gerd y Airo se ríen. Ethan permanece indiferente.

Liam y Lena se dan cuenta, y paran. Liam apoya su frente en la de ella, y le dice algo en tono bajo.

—Perdóname. Ahora vas a tener que aguantarme.

El rostro de Lena se llena de alegría, de luz, como hacía tiempo que no pasaba.

El trabajador de la caravana está paralizado, la caravana entera está esperando por Liam para partir.

—Entonces, ¿Viene el señor? —Alguien le da un golpe en la cabeza por detrás, indicando que los deje, y la caravana parte, sin Liam.

 

 

VIENE LA OSCURIDAD

Annete ha reunido a todos en un salón, Gabriel está también con dos de sus hombres.

—Si alguien va a montar otra escena de novela, por favor, que empiece ahora. —Todos están callados—. Está bien, os cuento.

Annete cuenta a todos lo mismo que le contó a Liam al salir de la tienda, y añade sus nuevos descubrimientos.

—Después de lo analizado anoche, estoy segura de la localización de ese laboratorio, en Cryrea, parece subterráneo. Lo que he analizado habla de su conexión con el paso de Igtus, como si desde allí se pudiese utilizar, se pudiese encender, o algo así. También hace referencias a aros de luz, creo que se refieren a frutos. Es posible que allí haya uno. —Todos escuchan atentos, preocupados—. Pero no es lo que más me preocupa. —Annete saca un papel que tenía guardado, lo abre con cuidado—. En información que he podido analizar esta noche, de la que cogí en el paso de Igtus, leí esto, os lo digo tal cual. —Comienza a leer—. La calibración ha sido confirmada, apunta al portal principal. Hemos usado toda la energía de luz posible, no podemos obtener más. Queda preparado para la Naedra, para cuándo las puertas se abran. Pero no sabemos si la intensidad será suficiente. —Annete vuelve a guardar el papel y dice algo que también ha estado investigando—. La Naedra es un fenómeno astronómico que se da cada veintiún años, faltan pocos días para que se repita.

—Lo que está por venir… —Airo se toca la barbilla, recordando las palabras del Caído, antes de acabar con él.

Ethan se levanta.

—Hoy me han traído un mensaje de Nigel. Sus incursores han detectado mucho movimiento de demonios, se están formando ejércitos, enteros.

—Se están preparando. —Gabriel se ha mantenido callado todo el rato, ahora habla—. Las amenazas que transmitieron a mi padre, son ciertas.

Todos están pensativos, Lena se levanta.

—Tengo que ir a ese laboratorio, estoy segura de que encontraré respuestas. —Lena se dirige a todos—. Pero no quiero arrastraros a esto.

—¿Y no deberíamos avisar, que vaya el ejército? —Gerd, sentado al fondo, pregunta.

—Esto ha de mantenerse en secreto, no cometamos el mismo error dos veces. —Ethan sigue levantado—. Además, imaginad haber ido así cuando traspasamos el paso de Igtus, habría sido una carnicería. Mejor seguir intentando pasar desapercibidos, avanzando rápido. Vamos a prepararnos, a digerir esto, y mañana a primera hora saldremos. Necesitaremos ayuda de Nathiel para abastecernos—. Ethan mira a Jaina, encomendándole la tarea en silencio—. Los demás, pensad qué queréis hacer, tenemos hasta esta noche.

Gabriel se levanta.

—Si nos lo permitís, nosotros tres ya lo hemos pensado, os acompañaremos. —Mira a sus dos hombres—. Son los mejores que tengo, como hermanos.

Ethan asiente, agradecido. Todos empiezan a levantarse. Airo no ha hablado, mira por la ventana, muy pensativo. Lena se le acerca.

—¿Sabes que por aquí me consideran máxima autoridad? —Lena se ha puesto a mirar por la ventana, igual que él. Airo la mira, pero no contesta—. Vuelve a casa, con tu familia. Es una orden.

Lena se va. Airo aún no sabe qué hacer, pero la orden de Lena no será lo que lo pare.

 

 

Nathiel está sentado en un banco con unas vistas increíbles de todo Angelare. Jaina se sienta a su lado.

—Podríais quedaros más. Está viniendo gente de Ursia, ver a la hija de la luz les dará fuerzas —Nathiel se gira para mirar a Jaina—. Y a mí me encanta que estéis por aquí.

—De eso venía a hablarte, no volvemos a Cúpula… —Jaina tiene tono de preocupación—. Pero tampoco nos quedamos. Hemos descubierto algo. —Jaina confía mucho en Nathiel, así que no teme revelarle información—. Nos vamos a zona oscura, necesitamos tu ayuda.

Nathiel mira asombrado, se levanta para digerir la información mientras saborea bien las vistas. Si Jaina no le ha dado detalles aún, debe tener sus motivos.

—¿Es importante? —Nathiel sigue mirando al horizonte.

—Sí, creemos que mucho. Y también tengo que pedirte que no se lo digas a nadie. Nadie puede saber que Lena va a zona oscura.

Nathiel asiente.

—Jaina, tú eres fuerte, pero, ¿Crees que Lena lo aguantará? Ya ha pasado por demasiado. La pérdida de Marduk… —Nathiel siente siempre mucha preocupación por todos los portadores, y por Lena en particular.

Jaina se queda pensativa por unos segundos, hasta que vuelve a hablar.

—Cuando tenía nueve años mis padres intentaron llevarme dentro de la esfera de luz. Fracasaron. Lena me encontró. Me llevó con ella a Cúpula. Allí me dieron una habitación. Yo no salía, no comía, todo me daba igual. Ella venía todos los días a jugar conmigo. La ignoraba, pero se quedaba allí, jugando, contándome cosas, trayéndome descubrimientos. Aunque siempre sabía perfectamente cómo tratarme, yo pensaba que era una niña mimada que no podía entender mi dolor, que no podía comprenderlo. —Jaina para, como si le costase hablar de esto—. Un día vino Marduk. Yo pensé que era otro que venía a contarme cosas vacías para ayudar a recuperarme. Pero se sentó y comenzó a hablarme de Lena. Sin suavizarlo, me contó lo que le pasó a los cinco años, por lo menos la parte que él sabía, probablemente nadie sepa lo peor. Lo que me contó me cambió. Me contó lo que le había pasado a esa niña que venía a jugar conmigo, que nunca hablaba de ella misma, que siempre me intentaba animar, que siempre me sonreía. Y yo pensaba que esa niña no podría entender lo que me pasaba… —Jaina se levanta, estos recuerdos le duelen mucho—. No te fíes por su aspecto. Lena es el ser más fuerte que haya existido jamás.

 

 

Lena lleva a Liam por las calles, tira de su brazo.

—¿A dónde me llevas? —Liam pregunta extrañado—. Deberíamos prepararnos.

—A cenar, ¿No te gusta cenar? Conozco un sitio que me encanta. —Lena se para—. Tenemos un rato antes de que mañana todo vuelva a cambiar, —Mira a Liam desde abajo con ojos de súplica—, por favor…

Liam le sonríe.

— Me encanta cenar.

—¡Genial!, además tenemos que celebrar que ya tengo algo de luz, poco, pero algo. —Lena está emocionada por ir a cenar con Liam y que la luz le esté volviendo, parece una niña en su cumpleaños, ajena a la preocupación de lo que está por venir. Eso hace sentir a Liam muy bien.

Ambos pasan un rato agradable, por un momento, el uno al otro, se hacen olvidar su pasado, su condición, y son felices, muy felices, como si hubieran estado juntos, desde siempre.

 

 

Airo entra en la capilla, lleva un rato buscando. En todas las ciudades hay un templo de la luz, con una capilla, donde la gente da gracias a la luz que salva a la humanidad, donde dan gracias a los portadores y a los dioses en los que creen.  Por fin lo encuentra, Gerd está solo, sentado en uno de los bancos. Se sienta a su lado.

—No te tenía por creyente.

—Ni yo lo sé. —Gerd se incorpora algo, respeta a Airo y eso se nota.

—¿Vas a ir? —Airo está hecho un lío, y necesita saber qué hará el resto.

—Sin duda. —Gerd mira a Airo. Se nota que está esperando una explicación, algo que también lo anime a decidir, así que Gerd se lo cuenta.

—Fui un agraciado. —Gerd hace comillas con sus manos cuando dice la palabra agraciado. Los agraciados son sumisos que se han ganado el favor de los demonios. Les sirven y por ello tienen privilegios, están por encima del resto de sumisos. Pero para ganarse ese favor uno suele tener que mancharse las manos, y mucho—. He hecho cosas terribles. Por suerte, la explosión de Cúpula me pilló dentro, y me quedé. Aproveché mi fuerza, seguí ganándome todo a mi manera. —Airo conoce esa parte—. Encontré a Maire, tuve un hijo, descubrí lo que es la felicidad… —Se queda callado unos segundos, intentando recuperar la compostura para hablar—. Y entonces llegó la infección a Trale. Al principio mi hijo no fue infectado, y yo seguía estando ciego, seguía siendo egoísta. Así que monté un grupo para eliminar la amenaza de raíz. Recuerdo que llovía. Cuando íbamos de camino, vi a mi mujer, parada, mojándose. Sujetaba a nuestro hijo con fuerza, llorando. Mi hijo había sido infectado.

Airo mira a Gerd, tremendamente atento por lo que le está confesando. Gerd continúa.

—Y ahí dejé de estar ciego. Lo comprendí. El mundo me había dado a mi mujer y a mi hijo, me había dado felicidad, para luego quitármela, para castigarme. Me lo merecía .—Gerd habla en tono más bajo—. Me lo merezco…

Airo no dice nada, pero le pasa su cantimplora a Gerd, que toma un trago. No es agua. Gerd termina su historia.

—Hice algo que no había hecho en mi vida. Recé. Y cuando Lena estaba con mi mujer y mi hijo y su infección remitió, me di cuenta. Tenía que aportar, tenía que redimirme, y si muero, pagaré algo de mi deuda —Gerd da otro trago, como si fuese agua—. Lo que hacemos es importante. Quiero aportar. Esta es mi penitencia, y pienso cumplirla.

El testimonio de Gerd cambió algo dentro de Airo, ayudándole a tomar su decisión.

 

 

A la mañana siguiente todo está dispuesto. Por la puerta trasera de Palacio todos parten, hacia el borde, hacia la oscuridad. Nadie falta, todos están ahí, incluso Airo. Lena se acerca a él, y le da un abrazo.

—Mandaré que te encierren por desobediencia. —El tono de Lena hace que Airo suelte una pequeña risa.

Al poco rato, un caballo que viene desde Angelare corre hacia ellos. Todos paran.

—¡¡Os ibais sin mí!! —Filo llega, con evidente enfado—. ¡¡No me lo puedo creer!! Pero como vais a sobrevivir ahí, ¿Sin mí? ¿Estáis tontos?

Todos la saludan, animados, es una suerte poder contar con ella. La ponen al día.

Avanzan.

 

 

Dejan los caballos en zona segura y andan a pie, pasarán más desapercibidos. Son unas horas hasta Cryrea.

El camino se hace largo, pero no encuentran incidentes. Filo vuelve a ser la guía del grupo, aunque no conoce bien esta zona, es la que mejor percibe en la distancia cualquier cosa. Llegan a Cryrea, por un pequeño monte. Ya se puede ver el pequeño pueblo, abajo, en el valle. Se ve algo de movimiento por la zona, de humanos, pero también de demonios. Se fijan, sobre todo, en una plaza. Es donde más movimiento se ve. La entrada debería estar ahí. Lo tendrán difícil.

Bajan, ocultándose entre los árboles, van con cuidado, la ladera tiene mucha pendiente. Abajo, donde acaba la ladera, hay una especie de plaza. Mucha gente está al borde, expectante. Ven varios demonios mayores. En una pared hay colgado un hombre. Un niño, cerca del hombre colgado, permanece agarrado por un demonio de aspecto imponente. El niño llora, y sale luz de su mano, intentando herir al demonio. La luz es tan débil que no hace nada, el demonio le golpea y le obliga a sentarse, haciendo que mire al hombre colgado, y sigue hablando. Escuchan como habla con la gente, como les están explicando lo que va a pasar.

Lena sabe lo que van a hacer, lo conoce muy bien. Algo la activa por dentro, y sale corriendo.

—¡Lena! —Liam se da cuenta y sale detrás de ella. Nadie entiende qué está pasando, pero todos dejan el sigilo y la siguen, no la dejarán sola.

El demonio habla dirigiéndose a los ciudadanos del pueblo.

—No nos dejáis más remedio, el castigo por huir, por traición, es la muerte. —El demonio empieza a andar hacia el hombre—. Sabías que tenías que entregárnoslo. —Vuelve a mirar a la gente—. Esto es necesario para que aprendáis lo importante que es esto.

Cuando está llegando al hombre, por encima de la pared, se ve un destello. De un salto, Lena cae al suelo. En su brazo se puede ver un bastón de luz. La cabeza del demonio se separa de su cuerpo y cae rodando hacia el resto de demonios, hacia la gente. Lena se levanta al lado del niño. Los demonios la miran atónitos. La cara de Lena no transmite inocencia. Transmite ira, fuerza. Letalidad. Lena se dirige al niño.

—Ponte detrás de mí y cierra los ojos, no te tocarán. No pasarán. —El niño corre detrás de Lena. Los demonios se han quedado perplejos, hay miedo en su cara. Ven la cabeza, sin vida, de su compañero, ven a Lena y piensan en huir. Dan algún paso hacia atrás. Hasta que uno para.

—Una portadora, ¿qué haces aquí? —El demonio empieza a avanzar ligeramente—. No te queda luz, ¿verdad? Si no, no te habrías arriesgado, ya habrías explotado. —Mira la cabeza de su compañero, como prueba de sus palabras—. Te has suicidado, portadora.

La gente se está marchando de la plaza, aterrada por lo que va a pasar. El resto del grupo llega, y se pone al lado de Lena. Annete se lleva al niño. Los demonios se dan cuenta de que no va a ser tarea fácil.

—Esto va a ser interesante. —El primer demonio empieza a avanzar.

Aunque un demonio mayor sería un reto para todo el grupo, podrían con él con casi total seguridad. Pero hay ocho. El grupo comienza a defenderse, incluida Lena.

Pelean. Los demonios son muy fuertes, implacables. La combinación de Jaina y Ethan hace que Jaina pueda atravesar por la espalda numerosas veces a uno, haciéndole caer. Gabriel pelea con fuerza, pero un demonio coge a uno de sus hombres de los brazos, y los estira con tal fuerza, con tal brutalidad, que desgarra al hombre por la mitad, intentando intimidar al resto.

Nadie se intimida. Todos siguen. Lena proyecta barreras, defiende lo que puede, pero se está agotando. Tenía muy poca luz, y ella lo sabía. Está extasiada. Un demonio va hacia ella, Liam lo intercepta, pelea contra él. Se cruzan varios golpes, hasta que el demonio barre a Liam de un tremendo golpe. Lena ha intentado poner una barrera, pero ya no ha podido.

Liam cae al suelo del golpe, su espada sale volando y cae por el borde de la plaza, lejos, hacia el lado contrario.

Lena está en el medio, agotada, sin luz, tirada en el suelo, intentando respirar. Uno de los demonios salta, un salto increíble. Su objetivo es ella, va a alcanzarla. Ethan se zafa de su enemigo, pero está muy lejos, demasiado. Observa a su alrededor y, casi de forma automática, toma la única decisión posible.

—¡¡Liam!! —Ethan lo llama desde lejos. Con un gesto digno de un héroe del olimpo, Ethan lanza su espada, girando en el aire, para interponerla entre el demonio y Lena. El lanzamiento es casi imposible, pero Ethan lo hace perfecto. Solo una persona en todo el mundo podría conseguirlo, solo Ethan podría.

Liam se levanta, lo entiende, tiene que cogerla, parar el golpe, salvar a Lena, así que grita, corre hacia allí, todo lo rápido que puede, con todas sus fuerzas. Entonces se da cuenta.

No va a llegar.

Por mucho que lo intente, no va a llegar. Va a fallar, otra vez, va a fallar. Y esta vez el precio será Lena, el precio será infinito. De repente, el mundo se para, todo se para.

 

Liam observa a su alrededor. Como otras veces, los recuerdos de su vida empiezan a pasar delante de él, como una película. Fracasos, golpes, abandonos, dolor. Todos los recuerdos que siempre lo han atormentado están ahí, todos los recuerdos que le han hecho sentir pequeño, que le arrastran a la oscuridad. Escucha una voz, una voz que le resulta familiar, que ha escuchado muchas veces en sueños.

—¿Por qué no despiertas?

—¡Que pasa! ¡¿Por qué está todo parado?! ¡Tengo que salvarla! —Liam está desesperado—. ¿Quién eres?

—Soy tú, tu letargo, tu esencia.

—No lo entiendo. —Liam llora por impotencia, por frustración, mientras observa todos los recuerdos de su vida pasada, de sus fracasos.

—Estos recuerdos te forman, son parte de ti, es lo que te hacen ser tú. —Liam sigue sin entender. La voz continúa—. ¿Por qué sigues encerrado en ti? ¿Has mirado bien?

Entonces Liam lo comprende, entre todos los recuerdos, los que siempre le han atormentado, hay otros, otros a los que nunca ha prestado atención. Derek, Jaina apoyándolo, Marduk enseñándole, todos riendo en el reto de Filo y Jaina, Lena haciendo luz con su brazo cuando tenía el fruto, Lena sonriéndole, Lena besándolo.

Lena.

Y entonces, lo comprende, no solo hay oscuridad. Algo se desbloquea, un recuerdo olvidado le vuelve a la mente.

 

Un hombre imponente, con aspecto de ejecutor, lo tiene en sus rodillas, está observando los ojos de su hijo, los ojos rojos de Liam.

—Hijo, tú no has sido infectado, has nacido así. —El hombre habla dulcemente con Liam—. Es por mi culpa. Tu madre era luz, era bondad, era la inocencia pisando el mundo. Ella me encontró, me salvó. —El hombre mira al fondo, es evidente que echa muchísimo de menos a alguien que ya no está—. Tu llevas su luz, lo sé, y mi oscuridad. Has nacido por algo.

El hombre coge al niño en brazos, y se levanta, abrazándolo fuertemente.

—Has nacido de la oscuridad, para proteger la luz.

 

Has nacido de la oscuridad, para proteger la luz

 

Y Liam, el hijo de la oscuridad, el protector de la luz, despierta. Por fin, despierta.

Sus ojos se vuelven más rojos, le aparecen marcas negras de oscuridad por su piel. Su fuerza se multiplica, su velocidad se multiplica. El poder de la luz y el de un demonio superior lo posee.

El mundo se reanuda. Y Liam llega, cogiendo el lanzamiento perfecto de Ethan y bloqueando al demonio, que, al ver a Liam, al ver su final, tiembla de miedo. En menos de un segundo. Liam corta brazos y cabeza del demonio que iba a por Lena. Antes de que el resto se dé cuenta, ya está encima de otro, acabando con su vida. De una forma brutal, sin errores.

Si todos los demonios que quedasen hubiesen ido contra Liam, y los demás se hubiesen quedado quietos, los demonios podrían haber tenido alguna oportunidad.

Pero nadie se queda quieto.

Entre todos los hijos de la luz, en armonía, en sincronía, acaban con los ocho demonios.

Liam se acerca a Lena, tiene miedo de que lo vea así, de que lo rechace, pero necesita comprobar que está bien. Lena se levanta, lo mira, y le toca las marcas negras de la cara con dulzura, mientras sonríe, mientras lo besa.

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